sábado, 12 de marzo de 2011

Eusebio Lafuente Hernández. (y VI) Bibliófilo de Menorca.


- ¿Cuántos libros de Menorca ha conseguido reunir?

- Los he contado por un procedimiento no muy exacto. Que es coger el fichero y ver cuántos caben en un centímetro. Es muy difícil averiguarlo porque uno no sabe dónde acaba el libro y dónde empieza el folleto. La verdad es que no lo sé. Son de todas las épocas y abarcan todas las materias. Como miembro de la Asociació de Bibliofils de Barcelona, compuesta por unos 150 miembros, siempre me he relacionado con esa clase de libros. El que fuera presidente y ahora es vicepresidente, Motobio Jover, un abogado que está casado con una señora de Ciudadela, hace igualmente colección de libros de Menorca.

Cuatro años y medio después de esta entrevista, Eusebio Lafuente moría en Madrid, el 1 de octubre del 2002. Su cuerpo fue conducido al panteón familiar de Mahón, en donde deseaba reposar. De nuestra entrevista aún recordamos sus palabras a nuestra última pregunta:

- ¿Un epitafio para su tumba?

- Que no me pongan nada. De todas formas se van a olvidar. En Catalunya había una costumbre según la cual, cuando una persona se moría, después de amortajarla, la dejaban sola y la población se iba a la Iglesia a rezar por él. Porque consideraban que aquello ya no era él, sino los restos mortales físicos de una persona que ya no estaba allí. Los que se preocupan mucho de su posteridad, a mi juicio, harían mejor en preocuparse de su futuro, que de ese sí me estoy preocupando. Igual que me preocupé de ingresar en Caminos, creo que mucho más importante para el día de mañana es poder ingresar en donde yo quiero ir allá arriba. Eso sí me preocupa. No, mi epitafio, que ni está redactado ni lo estará.

Próximamente: Juan Bestard Perelló.

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