domingo, 27 de marzo de 2011

Carlos Picornell. (III) Tres años en China.

Manjares chinos.

- ¿Viajó usted hasta China?


- Por supuesto. Y, prácticamente, 18 meses de los 36 que estuve de residente en Hong Kong, en los que nació una hija mía, fueron de viajes dentro de China. Siempre íbamos con un chino de Hong Kong que hablaba inglés. Lo malo es que éstos sólo querían viajar durante 15 días al mes por la dureza del viaje. Quiero recordar que no se trataba de viajes turísticos sino de trabajo.


- ¿Y qué me dice de sus comidas? - No había más remedio que adaptarse al medio y comer de todo. Pero había platos muy curiosos. Por ejemplo, en una fábrica de Pekín, me dieron una "comida saludable": una "cama" de unos fideos de arroz con escorpiones fritos. Era la entrada. Luego había algo que, por lo visto da mucho valor, que es "deer sexual organ", los órganos sexuales de los ciervos que los chinos les atribuyen un gran poder para los humanos. Con la excusa de que me dolía el estómago, no quise probarlos. Era la disculpa que utilizaba a menudo cuando no quería tomar algo, un remedio para no quedar mal. Había los "ant cakes", pasteles de hormigas o "see horses", caballitos de mar y cosas de éstas que sí probé, a veces por engaño. También he comido “ranas que mugen”, unas ranas que pesan un kilo y medio y son de origen cubano. Me dijeron que era guiso de pescado para que lo probase y no entendía cómo encontraba espinas ni esqueletos. Por fin, me descubrieron la verdad.


- Pero, volvamos a España. ¿Cree Usted que el Gobierno tiene motivos para apretar las tuercas a los industriales farmacéuticos?


- El Gobierno realmente tiene necesidad y puede solicitar una rebaja de los precios de los productos farmacéuticos de marca que, normalmente, están en manos de grandes multinacionales. Estas abusan de sus ventajas en la investigación. Por eso, es totalmente necesario el fomentar los "genéricos” (entiendo por éstos cuando un producto ha perdido la patente y, en vez de venderse como marca, se da la oportunidad de que otro sea capaz de fabricarlo, poniendo a una sustancia, sin ser marca, el nombre del principio activo). Habría que mantenerlos de verdad, sin dejarse manipular por el loby farmacéutico de las multinacionales y tratando de fomentar la poca industria que queda. La materia prima de los productos farmacéuticos nuevos que salen está en su coste. El resto se justifica para la investigación. Pero, lo cierto es que el precio se dispara en la operación comercial.


- Una operación en la que el cliente juega siempre a gran perdedor. ¿Tan difícil es cambiar su papel?


- Para imaginar lo que se maneja, basta ver que, con la materia prima, el envase puede llegar a un cinco o diez por ciento como mucho. En los productos nuevos es algo horroroso. La Administración necesita un buen conocimiento de lo que es el coste de las materias primas y del coste de manufactura porque el precio está casi siempre, y en desventaja para los menos favorecidos, desproporcionado. El mundo del "genérico" si se hace bien, podría hacer bajar los precios de los medicamentos hasta en un cincuenta por ciento. Si viéramos cuánto se gastan las empresas en el márketing, saldríamos todos escandalizados. Los Estados Unidos, un país con patentes que alberga las principales multinacionales farmacéuticas, fomenta el mercado farmacéutico "genérico", y se puede ver cómo un producto que vale cien dólares, llega a valer, tras caer el precio y la patente, entre cinco y diez dólares. En USA las especialidades farmacéuticas genéricas ocupan entre el 40 y el 60 por ciento del total del mercado.


Próximamente: (IV) Gastos farmacéuticos.

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