lunes, 7 de marzo de 2011

Eusebio Lafuente Hernández. (II) Un turismo no a cualquier precio.


Menorca, un turismo restringido.


- ¿Cómo era Menorca en su juventud?

- Muy diferente a la actual. Después de la Guerra Civil, la isla tenía aproximadamente un tercio de su renta producido por la agricultura; otro tercio, por una industria ligera, tipo calzado y bisutería, y, el otro, por el turismo. La agricultura fue decayendo y representaba sólo un diez por ciento; la industria del calzado, la de bisutería y los plásticos, continuó desarrollándose, mientras que el turismo subió mucho, hasta alcanzar la mitad del producto local de la riqueza generada cada año. Menorca también se alineó a favor del turismo, que ha producido un incremento de la riqueza media, pero sin llegar éste a desequilibrarse tanto como en Mallorca. La isla quedó más retrasada por dos razones: porque lo que no queríamos los menorquines era tener un turismo a cualquier precio y de cualquier manera. Y porque siempre nos tomamos las cosas con más calma y fuimos menos agresivos.

- ¿Qué quiere decir?

- Los mallorquines siempre han tenido más condiciones para explotar la economía. En los años cuarenta, en Mallorca se ofrecían cosas similares, pese al estado en que nos dejó la guerra, en que faltaba de todo, y ellos se espabilaron mucho. Recuerdo que, cuando iba a Palma, me llamaba la atención la capacidad de captación de dinero que tenían para el que venía de fuera. Menorca, en este sentido, hemos sido menos agresivos. Eso, unido al sentimiento de querer conservar mejor la naturaleza de la cual formo parte, hace que el turismo se haya desarrollado más despacio y menos desequilibradamente.

- Tengo entendido que algún alcalde impidió los abusos con mucha energía.

- A mi juicio, cuando el movimiento hippie empezó en Ibiza, hizo más mal que bien a la isla. Entonces hubo unos intentos similares en Mahón. Y sin embargo, el alcalde de entonces, Gabriel Seguí Mercadal, compañero mío de curso y de guerra, se presentaba en la explanada del aeropuerto, y al empezar bajar hippies de los aviones, decía al guardia municipal, que era toda su fuerza armada: “Este, p'atrás”. Algo totalmente ilegal, pero él lo hacía. Y los reexpedía sin dejarles desembarcar. Así, se corrió la voz de que había un señor muy radical que mordía, si le dejaban. El caso es que, y lo digo como una alabanza a él, se consiguió eliminar esos abusos que ha padecido Ibiza. Las pocas veces que estuve allí, oí muchas quejas de la gente del campo, de los restaurantes etcétera.

- Tras doctorarse como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, ¿cuáles fueron sus primeros trabajos profesionales?

- En aquella época, la Escuela no pertenecía a Instrucción Pública sino a lo que entonces se llamaba el Ministerio de Obras Públicas y nosotros ya salíamos destinados. Era una escuela al servicio del Ministerio para cubrir sus necesidades. Pero, en determinados casos, se dejaba salir para acudir a las empresas privadas. Yo fui destinado al puerto de Barcelona. Antes, hice unos meses de prácticas en Renfe, en espera que saliera la vacante que me interesara. Allí estuve cuatro años porque entonces se consideraba muy importante llegar a jefe de Obras Públicas y, para ello, se precisaba un mínimo de cuatro años al servicio del Estado. En este tiempo, me casé y tuve los dos primeros hijos. En total, llegamos a tener siete.

Mañana: (III) Diez años en Marruecos.

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