martes, 25 de enero de 2011

Pedro Ribas. (III). Expulsado por contestar al vicerrector.


Universidad Autónoma de Madrid, en la que Pedro Ribas fue cofundador.


- Sin embargo, pese a su brillante expediente, usted termina siendo expulsado. ¿Qué diablura hizo?

- Eso fue a finales de los cincuenta. Recuerdo que un superior me preguntó un día si había ido a misa. Le contesté que no le importaba. Era el vicerrector de la residencia en donde estaba internado y, en unas horas, me obligaron a dejarles. En realidad, ya había decidido salirme. Así que tuve que buscar una pensión. Allí terminé la Filosofía en un plan de cinco años que nos igualaba con los universitarios estatales.

- Luego, siguió el camino de la emigración.

- Me fui a Braunschweig, en donde trabajé durante un año en una fábrica. Era la época dorada de Alemania. Trabajaba de peón. Empecé limpiando las virutas de una fábrica de aceros en donde laboraban cinco mil personas. Así, terminé de practicar el alemán.

- Y desarrolló su faceta de políglota. Porque además del latín y del griego que dominaba, hablaba también estas lenguas vivas.

- El alemán, el francés, y el inglés los empecé a estudiar durante la mili. Luego fui a hacer el doctorado en Filosofía.

. ¿Fue en ese tiempo en que profundizó sobre Unamuno?

- Así es. Hice mi tesis doctoral sobre Unamuno y la filosofía alemana y empecé a trabajar en la Universidad Autónoma en 1968 69, de la que fui cofundador.

- Pero de ahí también salió usted rebotado.

- Bueno, en el segundo años nos echaron a la mitad de los que estábamos, entre ellos a Fernando Savater, que lideraba el grupo de nietzsheanos o de Filosofía lúdica. En realidad, no era por lo que uno decía en clase o porque fuera marxista de pensamiento, sino por ser activo en reuniones de PNN (Profesores No Numerarios). Te expulsaban por actividades sindicales o por apoyar movimientos reivindicativos. El rector era entonces el primer policía. A partir del tercer año se formó una considerable masa de alumnos y aquello cambió radicalmente. Entonces era frecuente la entrada de la policía con sus cargas.

- ¿Qué hizo cuando le expulsaron?

- Me ofrecieron trabajo en la Universidad de Compostela y allí estuve casi un curso entero, en l974. Luego, pasé dos años de becario en Alemania. Y, por una afortunada incoherencia del franquismo, el mismo Gobierno que me había echado me concedió una beca para Berlín. Allí estudié el marxismo europeo. La beca era para estudiar las relaciones entre los fundadores del socialismo español y el alemán. En los principios de los sesenta, ya se permitía leer algún texto de Marx. Pero no el Manifiesto del Partido Comunista ni los textos de Lenin, hasta muy avanzados los años setenta. Después de la muerte de Franco, coincidiendo con una bajada del marxismo, se empiezan a editar y a publicar sus escritos. En Alemania, tuve contacto con unos mallorquines y un catalán que trabajaban en la misma fábrica. Yo hacía de traductor de grupos españoles e italianos que iban llegando. La mayoría de ellos se volvieron a España.

-Y en la Universidad Autónoma, en la que pasó más de treinta años, ¿qué enseñaba?

- Historia del Pensamiento Español. Teníamos la tendencia de ver la Filosofía como si procediera de fuera, de los griegos, de Alemania, y creíamos que la cultura española era todo de importación, con algún nombre ilustre como Ortega y Gasset o Suárez. Había como un desprecio hacia la propia tradición española y, sobre todo, un desconocimiento de nuestra producción, las tendencias que ha habido en el siglo XIX, XX o en el pasado. Pero yo sentía un gran interés, sobre todo cuando la actitud típica de los profesores y de los alumnos de Filosofía era despectiva. Como si, en España, no hubiera habido Filosofía. Trabajé con un grupo que intentaba dar a conocer el pensamiento español. Y me dediqué a dar cursos de Unamuno, del marxismo español y de los escritos de Marx sobre España.

Mañana: (y IV) “Estoy perdiendo mis propias raíces”.

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