lunes, 24 de enero de 2011

Pedro Ribas (II) Pedro Ribas y la dura postguerra en Ibiza.


Seminario de Ibiza, antigua residencia de los jesuitas. Actualmente, se ha convertido en apartamentos. Su torre es uno de los escasos restos arquitectónicos de la presencia de los musulmanes en Ibiza.

- Usted conoció los duros años de la postguerra en los que el turismo todavía no había emergido. ¿Cómo era la isla, entonces?

- Quienes entonces se defendían eran los campesinos que tenían el campo y salían a pescar, con lo que por lo menos comían. Los demás, lo pasábamos muy mal, sobre todo en el seno de una familia como la nuestra. El turismo debió de empezar en la década de los sesenta.

- Pero la isla se conservaba entonces mucho mejor que hoy, que dispone de todo el progreso y prosperidad a su alcance.

- Tampoco era ideal porque, al faltar el trabajo, faltaba todo. Pero, unos años antes, durante la República, había una diversificación de trabajo. La isla contaba con una fábrica de conservas, otra de calcetines y un tejido industrial mínimamente diversificado. Luego, vino la Guerra Civil y todo se fue al garete. Con el turismo de los años sesenta, desapareció prácticamente la agricultura y todo se convirtió en un monocultivo peligrosísimo porque si falla el turismo, todo se hunde.

- En esos tiempos de su infancia y pubertad sólo había dos centros de formación: el Instituto y el Seminario. ¿Por qué optó por este último?

- A mí me interesaba aprender y, al ver pasar delante de casa a los seminaristas que iban a jugar al fútbol en un descampado, pasadas las Figueretas, me iba con ellos. Mi madre, que era viuda –mi padre acababa de morir–, me presentó al Obispo que me pagó el internado. Así que ingresar en el Seminario fue bastante familiar para mí. Luego marché a la Universidad de Salamanca, al no haber sitio en Comillas. Allí había un caldo de cultivo muy interesante, entre diversas órdenes y gente de toda España y de Sudamérica. Incluso se contaba con norteafricanos

- Tengo entendido que usted hablaba el francés. Lengua entonces desconocida en la isla.

- Así es. Los castellanos en cuestión de idiomas, eran fatales. Y yo, que lo había aprendido en el Seminario con el profesor Bujosa, me lucía.

Mañana: (III) Expulsado por contestar al vicerrector.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada