miércoles, 12 de enero de 2011

José Torres Riera. (IV) "En una década, puede haber colonias en la Luna"

- ¿Cuánto tiempo puede pasar antes que se inicie la explotación de la Luna?

- Es cuestión, como digo, de presupuestos. Y esto es una decisión política. Pero, si se confirma la existencia de agua en forma de hielo del que se pueda obtener agua, oxígeno e hidrógeno, componentes vitales para el ser humano y como combustible, contando con los presupuestos aprobados, sería cuestión de una década. Incluso Europa, que no había prestado mayor atención a la Luna, concretamente la Esa, está definiendo un proyecto para estar también presente. Siguiendo un ritmo normal, y si no vuelve a haber una interrupción por cuestiones políticas que, en definitiva, deciden los presupuestos de las naciones, en una década puede haber colonias en la Luna.

- ¿Y no existe el peligro de que se convierta en una colonia americana?

- Por supuesto. Pero yo pienso que actualmente la situación es más favorable y naturalmente, todo está por legislar. En la Tierra tenemos un ejemplo muy gráfico, que es la Antártida. Y, aunque hay siempre disputas, la verdad es que es patrimonio de los científicos que conviven en ella y, al fin y al cabo, de la Humanidad. En sentido político, es tierra de nadie. Y pienso que la Luna debería ser algo por el estilo. Naturalmente, el que tiene más capacidad, más potencia, mejor tecnología y más recursos, está en mejores condiciones. Pero esto no tiene por qué impedir a otros que, bien en colaboración, bien más tarde con otros medios, pueden estar también allí.

- Aparte del espacio, ¿tiene usted aficiones particulares?

- Soy muy aficionado a la pintura. Por desgracia, por falta de tiempo y a veces de motivación y de concentración en un momento, cada vez me dedico menos a ella. Pero siempre me ha gustado mucho y nunca la he abandonado. Mi hobby es pintar a los grandes clásicos, como Velázquez, Rembrand, Goya... Indudablemente, con los años, se adquiere un poquito de técnica, aunque sólo sea un porcentaje muy pequeño de la de esos grandes maestros.

- ¿Otras aficiones?

- La pesca, cuando voy a Formentera.

- ¿No echa usted de menos el mar, desde un lugar tan lejano al mismo, como Madrid?

- La verdad es que llega uno a acostumbrarse. Pero necesito verlo de vez en cuando.

- ¿Es usted soltero o casado?

- Casado y tengo una hija de 22 años que está estudiando en los Estados Unidos. Mi mujer es madrileña.

- ¿Va usted todavía a su pequeña isla, Formentera, o ha terminado por olvidarla?

- En absoluto. Tengo una casa allí y voy siempre que puedo. Menos de lo que quisiera, pero un par de veces al año. Mis padres ya murieron, y yo soy el más pequeño de mis hermanos que siguen allí.

- Cuando usted muera, en dónde le gustaría descansar: en uno de los enormes camposantos de Madrid, en un cementerio pequeñito de Formentera, en la Luna, o que le desintegraran en el espacio?

- La verdad es que no es algo que me haya planteado. Posiblemente, aunque eso todavía es poco viable, si me dejasen elegir, escogería lo que eligieron hace pocos meses unos científicos americanos, a los que esparcieron sus cenizas en el espacio, contenidas en una urna con el lanzador Pegassus. En los Estados Unidos, donde todo se comercializa, ya hay una casa especializada en eso. Lo digo como hipótesis que no creo que sea realista pero ya que me lo pregunta, quizás fuera este medio.

Próximamente: De Ibiza a Madrid, Concha García Campoy.

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