martes, 8 de febrero de 2011

Vicente Torres Sirerol. (III) La vuelta al mundo en once días.


Vicente Torres, frente a máscaras de todo el mundo.


- Julio Verne cuenta la vuelta al mundo en ochenta días ¿Cuántos tardó usted, volando?

- La primera vez, once. Fue Madrid Lisboa con Iberia; Lisboa Johannesburgo Islas Mauricio Hong Kong, con Sud Africa; Hong Kong Tokío, con la Katai Pacific y Tokío Madrid con escala técnica en Anchorage (Alaska), con Iberia. Lo que pasa es que llegas traspapelado porque pierdes la noción del tiempo. Al ir de Oeste a Este, cada día se te hace más corto. Vas totalmente falto de sincronismo en el dormir. Pero, si lo haces al revés –la segunda vez: Madrid Londres San Francisco Los Angeles Hawii Manila Bangkok-Abu Dhabi (Golfo Pérsico) Frankfurt Madrid–, te llega igualmente el cansancio, pero por la razón contraria. En la primera ocasión tardé once días y en la segunda, trece y pico. Es una aventura muy bonita y ves cosas que, de otra forma, resulta imposible. Cuando te acercas al Polo Norte, apercibes, por ejemplo, unos colores especiales que no son auroras boreales pero que son más espectaculares, al estar el sol (según las horas) cerca del horizonte, pero debajo, durante mucho tiempo.

- ¿Se ha sentido tentado de comparar lo encontrado a lo largo del mundo con su isla?

- Yo hago siempre el chiste de que todo el mundo cree que su pueblo es el mejor, pero, en el caso de Ibiza, eso es verdad. Realmente, Ibiza es un pueblo magnífico en todos los aspectos, aunque hay que reconocer que la isla que conocí ha cambiado mucho.

- ¿También el carácter del ibicenco?

- Eso permanece. Sigue siendo acogedor. La gente es correcta y respetuosa y quiere ayudar al que viene de fuera. Somos un poco confiados, aunque tal vez ahora un poco escarmentados. En tiempos remotos se registraban peleas con algunos resultados funestos pero siempre era por cuestión de faldas. Y que conste que hablo de recuerdos porque hace mucho tiempo que no vivo allí, aunque vaya varias veces al año. La isla no se me quita de la cabeza.

- Fue usted nombrado Caballero de la Fundación Mar Océano. ¿Qué es esto?

- Se trata de una asociación desinteresada de unos trescientos miembros cuyo objetivo primordial es hacer acto de presencia en los lugares en donde España estuvo desde hace siglos. Por ejemplo, en América del Sur o en la zona del Cabo Norte, en donde viven los descendientes de los marinos españoles que, tras la batalla con Inglaterra, en la que la Armada Invencible fue diezmada, fueron a parar a unas islas de Noruega, muy cerca del Cabo Norte. Los supervivientes se quedaron allá y se casaron con noruegas. Quisimos hacer una excursión al lugar pero fue imposible llegar hasta estas islas por una serie de problemas. Estuvimos también en Mónaco, en donde fuimos recibidos por Rainero y celebramos la presencia de Carlos I y su apoyo a los Grimaldi en la formación de su principado. En otra ocasión, estuvimos en la procesión del Corpus, en Ponteáreas, en Galicia. Y en otra, en Gara Chico, Santa Cruz de Tenerife, desde donde se hacía el comercio de España con América del Sur. La segunda vuelta al mundo que llevé a cabo la hice integrado en esa asociación dentro de la cual está el Club de los 360 Grados, formado por los que dieron la vuelta a la Tierra.

- Una vuelta que les saldría carísima, supongo

- Pues no. Nos acogimos a las tarifas minis y conseguimos reducciones en los hoteles. Lo que nos salió por algo más de 200.000 pesetas por persona.

Próximamente: Vicente Torres Cirerol. (Y IV) Piloto Mayor

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