viernes, 5 de agosto de 2011

Juan Caldés (III) Abogado, ante todo.


- ¿Cuál de las tres profesiones le ha interesado más: la de la abogacía, la de la enseñanza o la de banquero?

- La abogacía, por supuesto. Entré en el Consejo General de Abogados y desde entonces continúo en la Comisión Permanente y en el Pleno del Consejo General de Abogados de España. También presidí la Mutualidad de Abogados de España, con 300 millones, y, hace un par de años, la dejé con cien mil millones de pesetas de reservas. Presidí, en este mismo periodo, la Confederación de Mutualidades de toda España. La fundé o refundé. Estaba muerta y la resucité. Ha sido un organismo que continúa existiendo y que ha hecho un gran papel de ayuda a las mutualidades.

- En las paredes de su despacho veo colgados diplomas de toda clase.

- Eso son estudios. Yo siempre he sido una persona bastante estudiosa y me gusta, me encanta leer. La parte en la que estoy más especializado en este despacho es la financiera y mercantil. Primero comencé en la Facultad de Derecho como profesor de Derecho Procesal y luego pasé también al Mercantil en la Escuela de Prácticas Jurídicas.

- Dicen que el Derecho Financiero es muy árido...

- La verdad es que tiene muy poco de Derecho y mucho de regulación económica. El Derecho son normas fundamentales, pocas, claras, con sentido común y con una inspiración en el derecho natural que está por encima del derecho escrito o civil. Hay un Derecho Divino, un Derecho Natural y un Derecho Escrito, de la vida práctica, de códigos y de las leyes... Las leyes financieras son muy difíciles de entender. Son leyes largas, con párrafos interminables. Lo bonito del Derecho es cuando se dice algo importante en cuatro líneas, como el Código Civil.

- ¿Cómo ven los madrileños a un mallorquín de nacimiento como usted?

- Soy hijo predilecto de Lluchmajor y en Madrid nunca me han considerado como a un extraño. Los mallorquines tienen muy buena fama en Madrid. Maura fue un ejemplo tan extraordinario que ha dejado una estela muy buena en favor de Mallorca. Y ha habido mallorquines muy buenos. El mismo Feliciano Fuster hizo un trabajo magnífico y estupendo en Endesa. Tenemos un espíritu serio y cumplidor de buena fama. Y encuentro que el mallorquín no tiene enemigos en Madrid. Lo que es muy importante.

- ¿Los tiene usted en Mallorca?

- Allí sólo tengo una queja muy fuerte que es el Túnel de Sóller que fue, en gran parte, una idea mía impulsada por mí, con un magnífico grupo de trabajo de técnicos, abogados e ingenieros que encontré. Estaba integrado por Huarte, el Banco Árabe Español, la Caja de Ahorros Sa Nostra, varios ingenieros y arquitectos de mucho prestigio, dos empresas constructoras de túneles y otra de aparcamientos. Dicho grupo acudió al concurso y, por una cuestión que no quiero calificar, no quisieron elegirnos, a pesar de ser los primeros con muchísima diferencia. Es lo único que me ha hecho padecer. Que los mallorquines se portasen así conmigo...

- La prensa mallorquina llegó a decir que el proyecto aprobado no era el más oportuno pero que otros, como el suyo, tenían más calidad.

- Sin ninguna duda. La prueba es que una comisión que estaba integrada, entre otros, por cinco ingenieros, un economista, un representante de Hacienda y el conseller, nos dio 75 puntos mientras que Cuart, al que le concedieron la adjudicación, sólo consiguió 50.

- ¿Y cómo explica usted esta elección?

- No lo sé. Lo cierto es que, después de asunto del Túnel, con una sentencia que fue absolutoria por prescripción, el Presidente Cañellas, recibió una dádiva de cincuenta millones de pesetas que repartió entre varios.

- ¿Es el único palo que le han dado en Mallorca o ha habido más?

- No creo tener más. He llevado un pleito contra un banco y salió bien. Así que no puedo decir nada mal de nadie.

Mañana: Juan Caldés (y IV) “El mar es un vacío que llevo dentro”.

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