domingo, 21 de agosto de 2011

Bartolomé Escandell Bonet. Catedrático de Historia.



Su linaje recorrió, en tres generaciones que le precedieron, los sectores agrarios, industrial y de servicios. Sus abuelos tenían propiedades rurales en la Bahía de Ibiza y su padre pasó del sector agrario al industrial y fue propietario del primer establecimiento que tuvo el título de hotel en la isla: el Hotel España.

Bartolomé Escandell nace en Ibiza capital, el 24 de febrero de 1924, y es el primer catedrático ibicenco de Historia en la Universidad española. Trabaja como subdirector general de Centros Universitarios en el Ministerio de Educación. Cuando la Universidad Balear se independiza de la de Barcelona y se plantea su legalización, en los años setenta, los gestores de la misma van encantados a hablar con él en mallorquín. Su nombre figura en la Enciclopedia de Mallorca. Escribe una historia de Ibiza y Formentera que ha publicado en dos tomos y un tercero que prepara en el momento en que lo entrevistamos, en 1999. Creó y fue rector de la Universidad Internacional del Mediterráneo. La primera universidad creada en la isla.

“La verdad es que, cada vez que iba a la isla y me reencontraba con amigos de la infancia y compañeros de colegio y de instituto –recuerda este historiador ibicenco–, me preguntaban a menudo que cómo veía su historia y si la que habían vivido hasta el momento era importante. Naturalmente, les contestaba que sí, pero que, desde mi punto de vista de catedrático de la Universidad que enseña a los alumnos pautas de historiografía científica, podía hacer otra cosa. Y me sentía obligado moralmente para devolver a mi propia isla una parte de lo que le debía. No podía desaparecer sin dejarles una historia de mi tierra natal que respondiera a un género historiográfico y que pudiera tener un respaldo científico”.

- ¿A qué edad salió usted de la isla y a dónde fue?

- Tenía 18 años y fui a estudiar a Valencia mandado por mi padre porque entonces se hablaba allí castellano y porque estaba cerca de la isla. Quería él que me formara en esta línea. Fue de l943 a 1948. En Madrid, hice el doctorado, y una ampliación de estudios en París, Bruselas y Estrasburgo. Luego, gané la cátedra en Salamanca. Estuve en Oviedo y en Valencia como catedrático de historia moderna. Entonces era subdirector general de Centros Universitarios en el Ministerio de Educación. En Madrid, fui director de la Universidad con Premio Extraordinario Nacional y uno de los fundadores de la restauración de la Universidad Cisneriana de Alcalá. Ahora soy decano honorario de aquella Facultad de Letras. Igualmente, fui profesor de la Universidad de Pennsilvania y de Virginia.

Clarinetista de la Banda de Música.

- ¿Cómo ve usted la isla de Ibiza en la época que precedió al turismo?

- Con una enorme nostalgia y añoranza. Era una Ibiza pequeña y entrañable, en donde todo transcurría a un ritmo muy pausado y todos nos conocíamos: sus costumbres, su paseo por el puerto, sus conciertos dominicales de la banda municipal. Por cierto, yo fui también músico. Tocaba el clarinete en esta banda que la Guerra Civil prácticamente disolvió. Un concejal, Manuel Verdera, padre de Evelio Verdera, catedrático de derecho mercantil que fue rector del Cesar Carlos y del Colegio español en Bolonia, quiso recomponer aquella banda desaparecida. También he practicado por mi cuenta el violín y el piano. Aquella Ibiza era un encanto, algo que uno ve entre sueños y durante toda mi vida he tenido que añorarla. Estos son mis recuerdos de la isla, unos recuerdos entrañables de una Ibiza muy casera.

- ¿Cuándo se inició el cambio, con el turismo?

- No hay un punto de referencia. Fue muy paulatino e in crescendo hasta el boom actual. Digamos que los años 60 pueden ser un hito de avance y de invasión un poco desbordante en que todo tuvo que adaptarse a lo que sería la primera industria del país: la exportación invisible del sol y la de las playas. En esta Ibiza en la que uno vuelve, se encuentran cada vez más cosas nuevas y más caras que desconocemos. De manera que uno se convierte un poco como forastero en su propia tierra. Pero todo ello es positivo y aprecio el enorme desarrollo que ha experimentado la isla. Sería impensable que aquella Ibiza hubiera pervivido porque significaría que se había detenido, lo que uno no desea, sino que el progreso continúe. Aunque con él se pierden muchas cosas, como el paisaje, al crecer tan anárquicamente... Cuando las necesidades desbordan los ritmos normales de crecimiento, el paisaje siempre sufre.

- Una palabra ha nacido con este cambio: la "balearización", un ejemplo a no seguir.

- Bueno, sí, claro, pero no es una palabra exclusivamente nuestra. En toda España se han hecho barrabasadas. Se han cubierto unas primeras líneas de playas, se han cometido atentados contra la naturaleza, contra el gusto estético, etcétera. Yo no emplearía esta palabra como término exportable al ser común esta pérdida del entorno y ese deterioro del paisaje por efecto de las urbanizaciones que han ido buscando exclusivamente beneficios. La "balearización" es general en todo el Mediterráneo y en tantos otros sitios.

- De Ibiza procede el que fuera Ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes...

- Matutes es un hombre de empuje, con una enorme capacidad de trabajo. Pero de las personas vivas prefiero no opinar.

Fundador del Centro de Estudios Inquisitoriales

- ¿Cree usted que el ibicenco conoce su historia?

- Ahora más que antes. Pero, en efecto, mayoritariamente no la conocía. En los planes de estudios tanto primarios como secundarios, no había una historia de Ibiza. Quien deseaba saber sobre ella tenía que leer por su cuenta. Ahora hay una superabundancia de iniciativas locales y regionales, pero entonces no era así. Y nuestro pasado es mejor conocido que antes.

- Además de ser el primer catedrático que su isla ha dado a la Universidad española y Decano Honorario de la Facultad de Letras de Alcalá, se especializó en la figura del Cardenal Cisneros y es autoridad indiscutible en Historia Inquisitorial.

- En efecto, mi primera investigación que hice sobre este tema la desarrollé sobre la Inquisición. En los años 1948 y 1949, cuando los medios de comunicación en España estaban absolutamente destruidos por la guerra y eran muy elementales, desarrollé mi tesis doctoral sobre la Inquisición. El profesor Ballesteros me recomendó el estudio de la Inquisición en América cuyos documentos estaban concentrados en el Archivo Histórico Nacional. No se trataba de hacer la secuencia cronológica de los hechos, sino de extraer lo que había de pálpito de la vida de los encausados o de los relatos que ellos hacen de la sociedad de su época y de sus avatares en América. Un enfoque nuevo que valía la pena y que era apasionante. Mi tesis doctoral se tituló “La vida en el Perú en la época de Felipe II a través de la Inquisición de Lima”. Acumulé materiales para muchos otros trabajos y los voy publicando en revistas españolas y extranjeras. Pero es que, además, en 1978, se cumplió el V Centenario de la Fundación del Tribunal Inquisitorial en España por los Reyes Católicos. Se fundó por una bula del Papa Sixto IV. Y se celebró un Congreso Internacional en Cuenca Yo estaba convencido de la necesidad de revisar todo el problema de la Inquisición, encallado entre polemistas y panegiristas, entre detractores y defensores. Necesitaba una renovación a fondo con método y desde perspectivas actuales de la historiografía. Y creamos el Centro de Estudios Inquisitoriales del que fui fundador y vicepresidente.

- En el libro “Baleares y América”, usted investigó algo desconocido hasta el momento.

- Se trata de un libro único sobre este tema en toda la bibliografía mundial. Provino de una iniciativa de Mapfre con motivo del centenario del descubrimiento de América. Abarca desde nuestra historia que justifica la separación de Baleares con respecto a América al quedar un poco excéntricos en los circuitos americanos, y toda la labor que los balearicos llevaron a cabo en los distintos sectores de la actividad humana. Desde los misioneros como Fray Junípero Serra, evangelizador de California y uno de los padres de la patria estadounidense hasta los emigrantes del siglo XIX y XX.

-¿Cuándo se creó la Universidad Internacional del Mediterráneo de la que usted fue rector?

- En los años ochenta. Empezó con ella Ricardo de la Cierva, catedrático de Alcalá. Había una necesidad de dar a Ibiza, en esos años de tanto hippies y discotecas, una dimensión e imagen que no se limitara a la frivolidad. Se programaron unos cursos de verano que luego pasaron a mis manos. La verdad es que, con poco dinero, teníamos una proyección que podía equipararse en calidad a la propia universidad Menéndez Pelayo, de Santander. Pero las cosas de la política deterioraron un poco aquel proyecto y ahora ya no es lo que fue en un principio. De dos meses que llegamos a dar entonces, se ha pasado a impartir unas lecciones inorgánicas de sólo una semana. Ni siquiera sé si se sigue llamando de la misma manera.

“Pese a la cantidad de títulos recibidos, concedidos, no aspiro a ellos”.

- Su historial es apabullante. Miembro de la Academia Portuguesa de Historia y Premio de Conferencias, Botón de Oro del Colegio Mayor César Carlos del que fue también rector, poseedor de la Orden del Mérito Civil, de la Orden de Alfonso X el Sabio... Me pregunto cuál es el título académico que todavía no ha podido conseguir.


- Quedan aún muchos. Pero yo soy espiritualmente modesto y no aspiro a ellos. Si los he cosechado han sido como obligaciones impuestas. Jamás he codiciado nada. Siempre me he encontrado más bien con obligaciones que a lo mejor no esperaba pero que tenía que asumir, como la primera que usted ha nombrado. La Academia Portuguesa de Historia es un reconocimiento que quisieron hacer en mi persona de la amistad entre España y Portugal. No lo atribuyo a méritos personales míos sino a una demostración de esta amistad.

-¿Lleva usted la cuenta de los libros escritos?

- No he escrito tantos. Quince o veinte. Porque la vida me ha exigido volcarme en cuestiones administrativas. En Salamanca fui secretario de Facultad; en Oviedo, administrador general y director del Instituto de Ciencias de la Educación; aquí, decano en Alcalá; luego he sido subdirector general de Centros Universitarios, Rector del Colegio Mayor César Carlos... Y todo eso significaba una cantidad de actividades puramente administrativas y burocráticas que me restaban sosiego para poder escribir más libros.

- Pero con su retiro, tendrá más tiempo para ello.

- Desde que me han jubilado, he publicado trece. La verdad es que ahora que tengo tiempo, puedo sacar el fruto de cosas acumuladas y que dormían esperando una oportunidad.

- Pero, dígame una cosa ¿se venden tantos mamotretos?

-No como los literarios. Son cuestiones que no manejo porque son propias de las editoriales. Yo entrego lo que me piden y no entro en lo demás. A veces tengo la satisfacción de oír que un libro mío es monumental u otras apreciaciones positivas y entusiastas. Lo que es impensable es que un libro científico pueda competir con las tiradas del Premio Planeta.

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