martes, 30 de agosto de 2011

Carlos Picornell Darder. Nació y creció entre productos químico-farmacéuticos.



Carlos Picornell conoce a fondo el mundo de las farmacias. No en vano nació en una de ellas, en Esporlas, un 13 de mayo de 1953 y, como hijo de farmacéutico, vivió su infancia entre las muestras y necesidades de una botica. Luego, por exigencias familiares, pasó a vivir en Palma de Mallorca hasta que, en septiembre de 1963, se trasladó con toda su familia a Madrid en donde tres de sus nueve hermanos cursarán Medicina y dos, Farmacia.

Responsable de una importante organización de empresas fabricantes de productos químicos farmacéuticos en Madrid, Carlos Picornell se desplaza a menudo por todo el mundo. Durante tres años, viaja por Hong Kong y cuenta con actividades industriales de investigación y producción en Italia, Estados Unidos y España. Tiene siempre un pie puesto en Madrid y el otro en cualquier parte del globo al que da repetidas veces la vuelta. Pero sus mejores recuerdos siguen estando en Mallorca, en la que pasó íntegramente su infancia.

- ¿Recuerda el colegio en donde estudiara sus primeros años de bachillerato?

- Por supuesto. Era el Luis Vives, un colegio que permitía tener la mente abierta. Había en ese momento un grupo de profesores con formación europea de la Universidad de Lovaina que les dio mucho prestigio. Estudié allí tres años en los que disfruté de la educación que recibí. Era un colegio aconfesional y políglota que trataba de dar una cultura general. Admiraba su calidad de educación. Luego, pasé a los Agustinos, en Madrid, y el cambio me pareció muy brusco.

- ¿Sabía entonces lo que iba a ser de mayor?

- Tuve el ejemplo de mi padre, un farmacéutico que nos decía que no estudiáramos Farmacia porque era lo que más esclavizaba del mundo. Pero, como le veía ejercer su profesión con tanto gusto, me decía que sus consejos no cuadraban con lo que él hacía. En mi misma casa había casos un tanto extraños. Por ejemplo, la primera nevera que tuvimos, al final de los años cincuenta, no era para guardar los alimentos en ella, sino las substancias farmacéuticas que, con el calor, se podían estropear. Yo tuve la suerte de poder vivir aquella experiencia y la ilusión de la pequeña industria farmacéutica con la rebotica y todo eso.

- ¿A qué edad se vino usted a Madrid?

- A los doce años. Seguí estudiando el bachillerato y luego hice la carrera de Farmacia.

- ¿Su primer trabajo de farmacéutico?

- No fue en Madrid, sino en Barcelona. En una empresa que se estaba montando y que no se llegó a establecer por falta de capital. Luego, volví a Madrid y formé otra empresa con unos amigos que se llamaba Viplansa que todavía hoy funciona. Allí conocí a mi mujer, cuyo padre era socio mío. Yo era el único accionista que trabajaba en esa cooperativa de servicios en forma de sociedad anónima. Y, viendo que los socios no entendían el esfuerzo que se hacía, decidí separarme de ellos y vender las acciones. Después estuve en ISISA, empresa dedicada al comercio y aplicación de materiales complementarios para la industria. Más tarde, fui contratado en Chemo Ibérica S.A., en Madrid, como responsable comercial donde fui durante años el Director General y Presidente…

“En un año, he llegado a dar cinco vueltas al mundo”.


Carlos Picornell, al que entrevistamos en el 2001, continúa recordándonos sus viajes de negocios por todo el mundo, especialmente en China.

- Tengo entendido que también vivió cierto tiempo fuera, en el extranjero.

- En 1987, nos fuimos a Hong Kong y volvimos cuatro años más tarde. Allí fundamos la empresa Chemos Internatinal Limited Hong Kong que hoy sigue operando con dos filiales en China y otra en India.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado volando o cuántas vueltas completas dio al Mundo?

- Viajo mucho, siempre en viajes de negocios. El 1997 crucé trece veces el Atlántico. En algunos años, puedo haber dado cuatro o cinco veces la vuelta al mundo. Cuando vivía en Hong Kong, pertenecía al Marco Polo Club de la Catai Pacific, una de las mejores compañías aéreas en servicios, y llegué a hacer 200.000 kilómetros por año.

- ¿Y en qué país le gustaría más vivir?

- Por el trabajo, yo creo que podría vivir en cualquier lugar del mundo. Todo depende de que el trabajo me llene lo más posible. Por calidad de vida, en Mallorca.

- ¿Se acuerda de la isla cuando se halla en cualquier parte del mundo?

- Por supuesto, siempre me acuerdo de Mallorca y de España. Habitualmente, los mallorquines tendemos a comparar los lugares que visitamos con los de nuestra isla. Si, cuando vivía en ella, hubiera pasado penuria o no me hubiera encontrado cómodo, seguramente la hubiera olvidado, porque uno trata de acordarse de las cosas buenas y de olvidar las malas. Pero siempre tuve un gran recuerdo de mi vida en la isla. Hay cosas y lugares que recuerdan por sistema a Mallorca. Por ejemplo, hay trozos de California que rememoran la costa mediterránea, en general. No me extraña que un mallorquín como Fray Junípero se estableciera allí y extrapolase la agricultura mediterránea a aquella zona.

- ¿Se encontró con muchos mallorquines en sus viajes por el mundo?

- La tercera vez que estuve en Filipinas, en Manila, me encontré con unos Picornell. Eran directivos del Grupo Soriano, los de la Cerveza San Miguel, el único que sobrevivió al ataque de los Estados Unidos en su ofensiva en contra de las actividades españolas en Filipinas. Sus orígenes venían de un mallorquín que estaba en la Compañía de Zapadores de Palma y se fue destinado a Filipinas, en 1898. Al repatriar las tropas, se vino a Mallorca. Pero como tenía una novia en Filipinas, se volvió él con sus tres hermanos y dejó una hermana en Mallorca. El que yo conocí, hijo de los inmigrantes, era ingeniero industrial del MIT (Minnesota Institute Technological), el instituto tecnológico más reputado del mundo. En Puerto Rico, hay también una importante comunidad de descendientes mallorquines en los dos pueblos cerca de Ponce, sur de la isla, que cultivaban café, y en San Juan.

Tres años en China

- ¿Viajó usted hasta China?

- Por supuesto. Y, prácticamente, 18 meses de los 36 que estuve de residente en Hong Kong, en los que nació una hija mía, fueron de viajes dentro de China. Siempre íbamos con un chino de Hong Kong que hablaba inglés. Lo malo es que éstos sólo querían viajar durante 15 días al mes por la dureza del viaje. Quiero recordar que no se trataba de viajes turísticos sino de trabajo.

- ¿Y qué me dice de sus comidas? - No había más remedio que adaptarse al medio y comer de todo. Pero había platos muy curiosos. Por ejemplo, en una fábrica de Pekín, me dieron una "comida saludable": una "cama" de unos fideos de arroz con escorpiones fritos. Era la entrada. Luego había algo que, por lo visto da mucho valor, que es "deer sexual organ", los órganos sexuales de los ciervos que los chinos les atribuyen un gran poder para los humanos. Con la excusa de que me dolía el estómago, no quise probarlos. Era la disculpa que utilizaba a menudo cuando no quería tomar algo, un remedio para no quedar mal. Había los "ant cakes", pasteles de hormigas o "see horses", caballitos de mar y cosas de éstas que sí probé, a veces por engaño. También he comido “ranas que mugen”, unas ranas que pesan un kilo y medio y son de origen cubano. Me dijeron que era guiso de pescado para que lo probase y no entendía cómo encontraba espinas ni esqueletos. Por fin, me descubrieron la verdad.

- Pero, volvamos a España. ¿Cree Usted que el Gobierno tiene motivos para apretar las tuercas a los industriales farmacéuticos?

- El Gobierno realmente tiene necesidad y puede solicitar una rebaja de los precios de los productos farmacéuticos de marca que, normalmente, están en manos de grandes multinacionales. Estas abusan de sus ventajas en la investigación. Por eso, es totalmente necesario el fomentar los "genéricos” (entiendo por éstos cuando un producto ha perdido la patente y, en vez de venderse como marca, se da la oportunidad de que otro sea capaz de fabricarlo, poniendo a una sustancia, sin ser marca, el nombre del principio activo). Habría que mantenerlos de verdad, sin dejarse manipular por el loby farmacéutico de las multinacionales y tratando de fomentar la poca industria que queda. La materia prima de los productos farmacéuticos nuevos que salen está en su coste. El resto se justifica para la investigación. Pero, lo cierto es que el precio se dispara en la operación comercial.

- Una operación en la que el cliente juega siempre a gran perdedor. ¿Tan difícil es cambiar su papel?

- Para imaginar lo que se maneja, basta ver que, con la materia prima, el envase puede llegar a un cinco o diez por ciento como mucho. En los productos nuevos es algo horroroso. La Administración necesita un buen conocimiento de lo que es el coste de las materias primas y del coste de manufactura porque el precio está casi siempre, y en desventaja para los menos favorecidos, desproporcionado. El mundo del "genérico" si se hace bien, podría hacer bajar los precios de los medicamentos hasta en un cincuenta por ciento. Si viéramos cuánto se gastan las empresas en el márketing, saldríamos todos escandalizados. Los Estados Unidos, un país con patentes que alberga las principales multinacionales farmacéuticas, fomenta el mercado farmacéutico "genérico", y se puede ver cómo un producto que vale cien dólares, llega a valer, tras caer el precio y la patente, entre cinco y diez dólares. En USA las especialidades farmacéuticas genéricas ocupan entre el 40 y el 60 por ciento del total del mercado.

Gastos farmacéuticos.

- ¿Cómo es posible que el gasto farmacéutico suba cada año una media de un 15 por ciento?

- Es a causa de los nuevos productos y los nuevos precios. Y, si no se establece un sistema para controlar, de alguna forma, el precio de los productos lanzados por los laboratorios multinacionales, seguiremos pagando esta factura. Luego, con la presión que se hace con el médico para la prescripción, fuerzan el volumen de ventas. Todo esta jugada está en manos de un grupo de dos decenas de compañías que controlan el mercado mundial: seis americanas, dos suizas, dos inglesas, dos francesas, tres alemanas y, el resto, japonesas. Entre ellas, se corta el 95 por ciento de todo el bacalao. Algunas de ellas tienen el doble o el triple de presupuesto que algunos ministerios españoles.

- ¿Por qué son tan difíciles de entender los prospectos de los medicamentos?

- Porque tratan de sofisticarlos de cara al médico especialista.

- De manera que el consumidor se queda siempre in albis…

- Tiene toda la razón. Pero hay una terminología establecida de una forma legal para la explicación de la especialidad farmacéutica y tratan de ajustarse a ella. La Administración controla lo que se describe: las prescripciones. Pero el prospecto, que tendría que ser para el enfermo, está más dirigido al médico que al enfermo.

- En España hay unas 8.000 especialidades farmacéuticas. ¿Es esto negativo o positivo?

- Es el resultado de la historia que temíamos. Pero no es tan negativo como pueda parecer porque, si hubiera menos, el poder estaría más concentrado en los grandes. Aquí el problema es que, al ser muchas, ha habido un grupo de laboratorios españoles que han decidido bajar el precio, lo que ha permitido que tratamientos para úlceras gástricas, por ejemplo, pasaran a valer un cincuenta por ciento menos de lo que se estaba pagando. Puede que fueran más cómodos para el prescriptor pero no para el público.

- ¿Cuántas farmacias hay en España?

- Hace unos años había diecinueve mil doscientas.

- ¿Suficientes?

-Pienso que el sector se tiene que liberalizar más. El estado de los farmacéuticos en nuestro país supone un monopolio que limita mucho a todo el profesional que sale. Un farmacéutico que sale cumpliendo una normativa debería poder poner su farmacia donde él considerara oportuno. Y, si en algunas zonas no hubiera, habría que incentivar a que alguien, por algún mecanismo, las abriera. Con la fuerza del mercado que rige, hay farmacéuticos más que de sobra para poder cubrir el doble de farmacias.

“Mi sueño es disfrutar de largas temporadas en Mallorca”.

- Volvamos al plano personal ¿A dónde suele ir de vacaciones?

- El verano pasado estuve en Menorca, pero este año vuelvo a Mallorca.

- Para usted Mallorca se ha convertido sólo en eso: un lugar para veranear.

- Para mí es un retorno a mis raíces y costumbres, de las que me he embebido durante mi infancia y que, por el momento, sólo puedo disfrutar en verano.

- ¿Aparte del inglés que habla corrientemente, utiliza alguna vez el mallorquín en sus conversaciones?

- Sí, con mis hermanos, padres y con muchos de mis colaboradores. Algunos de ellos son mallorquines y la mayoría, con los que hablo el mallorquín, son catalanes.

- ¿Y no piensa volver algún día a su isla para vivir en ella el resto de sus días.

- Este es mi sueño: poder llegar a disfrutar de largas temporadas en Mallorca.

- ¿Un lugar ideal para morir cuando se ha vivido tanto por todo el mundo?

- Eso creo yo.

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