miércoles, 27 de julio de 2011

Luis Miró-Granada. (II). Enamorado de las dehesas.


La dehesa es un ecosistema “absolutamente peculiar dentro del ámbito de Europa” porque ofrece una “altísima biodiversidad” y proporciona un importante acerbo de valores medioambientales, culturales y estéticos.



- ¿Cuál fue su primer proyecto?

- Lo hice de la mano del Instituto Nacional de Colonización que luego se llamó Iryda y ahora Estructuras Agrarias. Hice el proyecto de puesta en riego en unos sectores de la zona de Bárdenas Reales, que es la parte norte de Zaragoza, una zona semiárida. Coincidí en el tiempo en que se hicieron todos los riegos de Monegros y con el inicio del Plan Badajoz. Después, fui destinado al Ministerio de Agricultura e inicié los trabajos del nuevo servicio de Fincas Mejorables, en un momento en que había aún gran déficit de alimentos, especialmente de trigo. Me nombraron Ingeniero de este servicio. Fue de 1955 a 1957. Anduve mucho por Sierra Morena, por los Montes de Toledo, por Palmitares de Sevilla y por las Marismas del Guadalquivir. Intentábamos buscar terrenos en los que se pudiera labrar y aumentar nuestro cupo en la llamada “batalla del trigo”. Cuando la cosa se normalizó, las tierras que se habían roturado y que eran de baja fertilidad volvieron otra vez a lo que eran pastos o montes. Fue en estos tiempos de cartillas en que alcanzamos el cien por cien de nuestras necesidades en materia de cereales. Ya entonces, me enamoré de lo que son las dehesas. Son mi gran chifladura.

- ¿Qué otros servicios llevó a cabo?

- De 1957 a 1962 pasé a encargarme de los servicios de Mejora Forrajera y Pratense, y de 1962 a 1965 fui jefe de Delegación ante la F. A. O. (Organización para la Agricultura y la Alimentación), en el Grupo de Trabajo sobre Forrajes Mediterráneos, y profesor encargado de Cátedra en la ETSIA (Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomo). Tratamos de mejorar áreas de pastos así como la cabaña y la producción animal. Durante diez años, me dediqué a todo esto y me recorrí toda España. Empezamos a hacer los primeros estudios de ecología y las bases para establecer nuevos tipos de agricultura, y a traer de Argelia, de los Estados Unidos y de Australia, nuevas especies y variedades para siembra. Ellos lo enfocaban para evitar grandes tormentas de polvo en la zona del medio Oeste. Hacían una cubierta vegetal y, a la vez, sujetaban un poco el terreno, impedían que se levantaran las enormes nubes de polvo y daban más recursos a las ganaderías. Lo digo por lo que vi en los cuatro meses que estuve en los Estados Unidos, en 1958, con un programado llamado “International Cooperation Administration”.

- ¿Qué más aprendió allí?

- Sobre todo, lo que no hay que hacer. No hay que perder tiempo en cosas que luego no te van a servir para nada en tu propio medio. Estudiamos muy bien las situaciones ecológicas en toda España y vimos qué tipo de especies y de variedades de plantas podían ser objeto de cultivo. En el Norte, era relativamente fácil. En la mitad Oeste, que es de suelos silíceos y ácidos y de vegetación más pobre, tuvimos los principales problemas. La solución, en buena parte, fue con el trébol subterráneo. Había variedades capaces de ser cultivadas. Tuvimos que escoger las más adecuadas para adaptarlas, según la situación de más o menos frío, lluvias, profundidad, etcétera. El Centro de Investigación Agraria de Extremadura trabaja en la selección de tréboles nativos para su cultivo.

Mañana: Luis Miró-Granda(III) El almendro y el algarrobo mallorquín.

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