domingo, 17 de julio de 2011

Antonio Mesquida Obrador, presidente del Hogar Balear en Madrid.


La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, junto al entonces presidente Matas y a Antonio Mesquida, en el Hogar Balear de Madrid, el 3 de marzo del 2006.



Antonio Mesquida Obrador, nacido en Felanitx, en 1930, trabaja en el seno de una familia que vende libretas y blocs. En 1957, decide cambiar Mallorca por Madrid, en donde comienza a trabajar como director comercial en una empresa de arte sacro que era la más importante de Europa: Talleres de Arte Grande. El cambio operado es radical. A finales de los sesenta, se monta una empresa por su cuenta: una pequeña fábrica de restauración de imágenes y abre una tienda en la Calle Mayor. Se relaciona con arquitectos, con artesanos, con casas religiosas y obispos de todos los continentes. Y se dedica a restaurar iglesias –no en cuanto a arquitectura, sino a la decoración interior–, dispersas por todo el mundo.

- De Felanitxs –le recuerdo, rompiendo el hielo existente entre ambos –han salido mallorquines muy universales: Juan Estelrich, filósofo y ensayista de la primera mitad del siglo XX; el pintor Miguel Barceló; Sebastián Gayá Riera, el cura fundador de los cursillos de Cristiandad; el ciclista Guillermo Timoner; el ex rector de la Universidad, Nadal Batle...

- Y otros que se deja en el tintero. Hubo, por ejemplo, un felanitxer llamado Obrador que creo que fue médico de Isabel II. Y las hermanas Gayard, unas bordadoras que trabajaban para Palacio. Aparte de los libros que hablan de que Cristóbal Colón salió de Felanitx. De hecho, la primera isla que descubren en América es llamada San Salvador, no El Salvador.


Antonio Mesquida ha restaurado oratorios en Austria, en Inglaterra, en Irlanda, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, en el Líbano, en los EEUU, en Australia, en Filipinas y en toda Sudamérica. Durante cuarenta años, ha trabajado en una iglesia, un oratorio o una capilla por mes. Se cultiva personalmente, gracias a su biblioteca personal, con más de tres mil libros de arte. Conserva el estilo universal y se adapta a cada país visitado. Se perfecciona en imágenes, retablos y en toda la decoración religiosa. Su casa, donde realizamos esta entrevista a finales de diciembre de 1997, es un museo de imágenes santas: esculturas y pinturas varias, columnas del siglo XV, manuscritos y cuatro mil libros de arte sacro. Antonio Mesquida es, desde hace unos años, es el presidente del Hogar Balear en Madrid.

- ¿En qué lugar de España ha restaurado usted más retablos?

- En todas partes. Va un poco por épocas. En Tenerife he llevado a cabo más de treinta. En cambio, en Mallorca, muy pocos. Quizás porque nadie es profeta en su tierra.

- Efectivamente, a usted le han entrevistado en el Observatore Romano y en Radio Vaticana, pero nunca en Mallorca. ¿Cómo es posible ser un hombre universalmente reconocido y apenas conocido en su propia tierra?

- Es que a la isla voy muy poco. Si fuera de Palma, tal vez se me conocerían más. Pero cuando voy a Mallorca, en el verano, apenas me muevo de Felanitx.

- Pese a haber recorrido medio mundo con el arte religioso ¿sigue sintiendo, a estas alturas de su vida, la atracción de la isla que un día dejó?

- La verdad es que ya llevo más tiempo aquí (en Madrid) que allí (en Mallorca). Por eso ya no me apasiona tanto esta atracción. Además, hay una cosa clarísima. Y es que ellos ven el mundo por un agujerito. Y tienen su terruño que defienden con uñas y dientes. Mientras que yo puedo pasar allí quince días o un mes, pero la verdad es que ya quedan muy pocos de mi edad con los que pueda encontrarme. Además, hablamos otro idioma y de otros temas. A ver si me explico. No es que no me atraiga, porque tengo allí a mi padre, con 95 años, y a mis hermanos. Pero claro, al cabo de un mes, siento la necesidad de volverme al mundo. Es como todo. Sin embargo, me encanta la isla. Por eso acepté ser presidente del Hogar Balear. Para que la isla no sea sólo sol y playa, hay que darle cierta categoría. Aunque, con el trabajo que tengo, me pregunto para qué me meto en embolados.


Hacer vírgenes y santos.

- ¿Trabaja únicamente con madera o con otros materiales?

- Con todo, pero la mayoría mi obra es con madera. Con piedra hago algo, pero poca cosa.

- ¿Qué material le parece más digno para trabajar?

- Cualquiera, si se usa bien. Incluso el material moderno. La resina, por ejemplo, es algo muy bueno, si modelas bien. Pero, lo más noble parece ser la madera.

- Y también lo más perecedero.

- Eso no... Otros materiales, como la misma piedra que está en la calle, se deterioran por la polución. Hay cantidad de enfermedades como la aluminosis o los óxidos que atacan las obras de arte. Y hasta que no pasan 200 ó 300 años no se sabe los resultados. Pero la madera puede durar miles de años.

- Los santos con los que trabaja parecen ser parte de su familia…

- Para mí santo no es sólo quien está en el altar. Toda persona que es hijo de Dios es santo o es llamado a serlo. Cualquier persona que hace las cosas bien hechas y es hija de Dios, tiene trascendencia o sabe que Él existe, puede serlo.

- Pero usted no modela cualquier persona.

- Podría modelarla. Porque todas tienen alma y son materia y espíritu. Y la Iglesia es toda una comunión de gentes, de cosas, de personas. La naturaleza, el hombre, todo eso es muy bonito.

- ¿Por qué para rezar a un santo los católicos necesitan de una estatua?

- Hace muchos años, en un convento de dominicos, el padre superior me dijo que rezaba igual ante una pared desnuda que ante una imagen. Le dije que ellos eran teólogos y que casi eran más espíritu que materia. En cambio yo, más materia que espíritu, necesitaba una imagen para dirigirme a lo que representaba. Cuando se ama a una madre o a una novia, se tiende a besarla y hacerle un arrumaco. Tú no acaricias a una pintura ni a una fotografía cualquiera, sino a una imagen que es como tú. Las imágenes no son para adorarlas, sino para venerarlas, para pedirle favores y para pensar en lo que representan.

- ¿Cuáles son en su taller las piezas más demandadas? ¿Las vírgenes, los santos, las santas, las beatas, los Cristos?

- La Virgen y la imagen de Cristo. Después, cada uno quiere su santito en casa. Pero Cristo es la figura central. El Espíritu Santo, que se ha ido volando, está muy abandonado...

- No sólo muy abandonado sino que ustedes, los artistas, no lo suelen reflejar en sus obras de arte.

- Se pone en muchos sitios en forma de paloma, o en forma de las tres figuras de Cristo, o en forma de lengua de fuego.

- ¿Qué prefiere trabajar: un santo, una santa, un niño Jesús, un pastor, un beato o un diablo?

- Al diablo sólo lo represento aplastado por San Miguel. Pero el personaje que prefiero es quizás la Virgen. Porque es femenina y madre. Es la que te lleva. Como dice Escrivá de Balaguer: A Jesús se va y se vuelve por María.

- Cuántas imágenes han salido de su taller a lo largo de 40 años?

- No lo sé. Miles. A lo mejor un día lo calculo.

- ¿Cuántas por mes?

- Uno puede hacer diez imágenes de un metro cincuenta al año. Pero, hoy en día, con las máquinas esas que te las copian... Son miles.

- ¿Hay que tener fe para dedicarse al arte sacro?

- Yo creo que sí. Sin ella, no se puede ser buen escultor religioso. Se puede ser un gran escultor, pero, si te falta la fe, no puedes plasmar lo que no sientes. Por eso hoy en día muchas imágenes de la Virgen de gente que no tienen fe son buenas pero, como no tienen fe, son imágenes a quienes no se les reza porque les falta el alma.


Esculpir un santo o un diablo.

- ¿Y en qué se diferencia una obra cuando es de un escultor religioso o de otro sin fe?

- Los escultores antiguos podían ser sinvergüenzas, mujeriegos, espadachines, lo que fuera, pero tenían una fe de caballo porque se confesaban y punto. Y la vivían. Basta ver las imágenes de Semana Santa andaluza, o las de Valladolid... Yo recuerdo un pueblecito de 90 habitantes de Segovia que tiene un Cristo ante el que te caes de rodillas. Tengo una copia que hice para el desprendimiento de Felanitx. Es algo que se nota. Los italianos hacen las imágenes de la Virgen para la galería, para que sean miradas y admiradas. Mientras que las de los españoles son hechas hacia adentro, para que recemos. Se nota la diferencia. Hay un estilo. No es lo mismo una imagen de la Virgen para un colegio de niñas que para una academia. Recuerdo una virgen preciosa de 1.700 que vi en Austria o la Virgen Blanca de Toledo que sostiene a un niño que juega con ella. En el arte sacro hay que tener en cuenta dos cosas: la escultura religiosa propiamente dicha que te invita a rezar, y la simplemente ornamental.

- ¿Le daría lo mismo esculpir una imagen sacra que un desnudo o un diablo?

- A un escultor le da lo mismo. Lo que pasa es que no es lo nuestro. Pero, esculpir un santo o un diablo me daría lo mismo. Una cosa es el arte y punto. Otra, es hacer algo en plan de mala idea.

- ¿Qué precio tiene una talla cualquiera?

- Varía mucho. Desde las pequeñitas de barro o de escaloya que salen por 2000 pesetas, a las de un metro cincuenta que pueden costar un millón y medio, según la policromía, el acabado, etcétera.

- ¿Por qué un trono vale más que una figura natural y ésta menos que otra con un niño en brazos?

- En la actualidad, todo vale en razón de las horas de trabajo. Antes, los materiales eran más caros pero hoy ni el oro es caro, comparado con las horas de trabajo. En mi taller, he tenido hasta veinte escultores a mi servicio. A veces uno de ellos se cree que ha creado algo cuando no ha sido él sino yo. Para hacer un proyecto tienes que tenerlo antes en la cabeza. Esa es la gran ventaja, que lo veo hecho.

- ¿En el siglo XXI seguirán venerando las imágenes?

- Si. Esto durará siempre. El arte sacro es algo que precisamos ver y tocar.

- Como amigo que usted es de cardenales y de gente del Vaticano ¿qué opina del asesinato de Alois Estermann, comandante de la Guardia Suiza, y de su esposa, Gladys Mezza, por el soldado Cedric Tornai el pasado mayo de 1998? ¿No le parece que este supuesto acto de venganza y suicidio contrasta con el ambiente que se supone debe de reinar en este lugar tan religioso?

- Pienso, como ha dicho la prensa, que ese hombre era un cabo al que no le hacían caso o que el jefe de la Guardia Suiza le marcaba mucho. No tiene otro sentido. Si fuese en el Ejército español o en el italiano... Recuerdo una frase del beato Escrivá Balaguer que dijo: “Todos llevamos en la boca el beso de judas y somos capaces de los mayores errores y horrores. El único que no peca es Cristo”. Esto es así.

- Aparte de su trabajo de restaurador de imágenes, que no es poco, ¿a qué se dedica usted?

- Desde hace diez años me ocupo también de la medallística de arte. Me interesan sobre todo las medallas conmemorativas de bronce. En 1997, empecé las del tercer milenio o el jubileo del año 2.000. El Papa quiere que estos sean los años del despertar. He hecho dos medallas de la Conferencia Episcopal, dos más durante el año siguiente, y otras dos en 1999. Al mismo tiempo, me gustaría clasificar miles y miles de fotos y de dibujos que tengo.

- Un trabajo que suponemos tendrá sus continuadores.

- Ya veremo. De los cinco hijos que tengo, sólo uno parece que quiere seguir mis pasos.


- ¿Y en qué se diferencia una obra cuando es de un escultor religioso o de otro sin fe?

“Soy del Opus”.

- ¿Desde cuándo es usted del Opus?

- Desde hace muchos años, concretamente, desde 1951. Lo cual comporta vivir las virtudes cristianas como cualquier persona. Pero, lo mismo que un Ingeniero de Caminos no puede hacer puentes por donde le dé la gana, nosotros no manejamos el dinero del Opus Dei. El pertenecer a la Obra es una vocación que Dios te da, si se la pides. Yo he vivido siempre mi vida cristiana con mis fallos garrafales, como cualquier hijo de vecino y punto. A mi hijo nunca le he dicho: “Vete a misa”, pero le he llevado a misa de pequeño. Y le he explicado el Evangelio. Lo más grande que tenemos es la libertad de los hijos de Dios. Más que todas las formaciones políticas. Es lo que a veces la gente no entiende. Se cree que somos cuadriculados. En los más de 45 años que llevo en la Obra, nunca nadie me ha dicho cómo tenía que hacer las cosas. Lo único que me preguntan es cómo funciona mi vida espiritual, cómo trato yo a la familia, a los amigos, o cómo me comporto en el negocio. No te hace falta poner ningún cartelito de que eres cristiano.

- ¿Qué es para usted el Opus Dei?

- En síntesis, santificarte con el trabajo ordinario y a través de él, junto con los que están a tu alrededor. Es lo que hacían los primeros cristianos. Sin hacer chapuzas. Intentar hacer el trabajo bien hecho. Y no hay más. Estar en la Obra comporta una serie de renuncias. Es una vocación cristiana. Como decía el fundador, para entrar, las puertas son muy estrechas, pero para salir, muy anchas. Son muchos miles en el mundo los que salen de ella.

- Pero, curiosamente, no se conocen a muchas personas del Opus que estén en el paro.

- Claro que los hay. Yo, por ejemplo, en el grupo que he tenido, he contado con taxistas sin trabajo. Y hay barrenderos, como ha habido ministros y gente conocida, como Trillo Figueroa, el presidente de las Cortes, o Ullastres, que en su tiempo lo fuera, López Bravo o Antonio Bienvenida, muerto por una vaquilla. Y mucha gente que no dice que lo sea. Ni tiene por qué decirlo... Ser del Opus es como ser de una asociación católica que se rige por normas de la Santa Madre Iglesia y punto. Y nuestro obispo es el de Madrid, menos para la cosa interna, en la que no entra ni el Santo Padre. Para mi interior, ni el Papa cuenta, siempre que no me salga de los límites de la moral cristiana. Es lo mismo que, si un día, un director de la Obra me preguntara de qué partido soy. Naturalmente, le mandaría a hacer puñetas.



Mallorquines en el mundo.

- Usted parece conocer a más mallorquines fuera de su isla que en ella.

- Gracias al Hogar Balear. En él tenemos a gente de toda profesión: aviadores, militares, banqueros... Una treintena de mujeres mallorquinas del Hogar se reúnen cada mes en un hotel a charlar mientras toman café. Los hay casados con una mallorquina o mallorquines casados con señoras de fuera de la isla. La verdad es que la idea del Hogar Balear no es mía, sino de Antonio Adrover, que ya murió. La asociación lleva ya más de cuarenta años funcionando. Tenemos de presidenta de honor a doña Carmen Delgado de March... Fue presidente, hasta hace unos años, Jaime Rosselló Bibiloni, un ingeniero de Sóller, casado con una peninsular, que muriera hace unos años.

- Un Hogar que no es, al parecer, único.

- Hogares como éste los hay, en efecto, en Barcelona, Puerto Rico, Santo Domingo, Argentina(en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires), en Chile, Uruguay, Paraguay... En América, se celebran en ellos las fiestas de las islas, las matanzas, llevan los trajes típicos, aprenden nuestro idioma, cosa que aquí también queremos implantar por medio de unos cursos de iniciación. Tendremos una buena biblioteca, cursos de baile y toda cosa cultural que podamos hacer. Y, si viene la Sinfónica de Palma o cualquier personaje a dar una conferencia o un pintor a exponer, haremos lo posible para que vaya un máximo de gente de las islas.

- ¿Y a cuántos afiliados ha conseguido reunir en Madrid?

- En esta ciudad hay más de seiscientas familias de origen balear y procedentes de las cuatro islas. Son médicos, abogados, maestros de escuela, militares, catedráticos, gente de la Administración, empresarios… Curiosamente, profesionales de trabajos manuales creo yo que hay muy pocos. Es gente muy bien situada que es muy difícil mover por un motivo. Cuando, en 1997, acudió el presidente Matas al Siglo XXI, conseguimos llevar sesenta personas. Pero continuamente hay gente interesada por cosas de las islas: o familias de las Baleares que desean buscar un piso para sus hijos, que estudian en Madrid, o fabricantes de ropa mallorquina o de bisutería menorquina, o posibles compradores de chalés en Mallorca. Hasta las Cámaras de Comercio y los Ayuntamientos japoneses desean saber cómo hacer para ir a Mallorca. Todo esto y más se podrá hacer ahora, con el Hogar en Madrid.

- ¿Tanta gente de Baleares hay en Madrid que necesita reunirse habitualmente en un local?


- Nadie necesita reunirse. Pero la mayoría somos sociables y no queremos perder las raíces. Por lo menos, todos añoramos nuestra tierra, nos vaya bien o mal. Precisamente cuanto más lejos se halla uno de ella, más la añora. Teniendo en cuenta que los isleños vivimos muy separados, se trata de que nos podamos unir y hagamos como un cuerpo común. En este local nos reuniremos la gente de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera y, el día que se pueda hacer un boletín, nos comunicaremos con más isleños. Esto debe de ser como un consulado o una embajada en donde podamos reunirnos.

- El balear en Madrid ¿sigue aislado?

- Sigue, y si, encima, no tienes contacto con nadie, más aún. Lo bonito sería que, con el tiempo, esto llegara a Guadalajara, Castilla La Mancha, Ávila, Segovia y en otras ciudades donde pueda haber otros isleños. Intentaremos unir a los estudiantes y les ofreceremos el local para charlar o hacer tertulias. Será una casa de todos.

”Las mortajas no tienen bolsillos”.


Antonio Mesquida está convencido de que el mallorquín desea ser como un faro que ilumine al isleño y a todo viajante en alta mar. Y así nos lo explica con sus palabras que tienen más de disertación que de respuesta:

Quisiéramos ser ese punto de referencia. Y que en las islas Baleares contamos con un Ramón Llull, que es uno de los mejores filósofos del siglo XIII; un Ausias March; que las cartas náuticas de los judíos mallorquines son las primeras de Europa; que el primado de las Baleares durante un tiempo fue Pisa; que los primeros que cristianizaron las Canarias fueron trece agustinos de Mallorca, y que el primer obispo de las Canarias es un mallorquín. Son cosas interesantes que hay que saber. Al mismo tiempo pretendemos enseñar a los habitantes de las Baleares que residen en Madrid cosas de las islas. Y deseamos que esto sea un escaparate para todos los madrileños, que les suene el nombre de Baleares. No basta con que tres millones doscientos mil alemanes o que casi tres millones de ingleses acudan cada año a Mallorca, o que haya un movimiento diario de 800 aviones. Hay que tener iniciativas como ésta.

- Usted parece ser el típico mallorquín que no puede vivir encerrado en su isla, pero que tampoco puede vivir sin pensar en ella.

- Siempre he preferido conocer el mundo. Fíjese que llevo más de treinta años yendo dos o tres veces a Roma en donde suelo perderme. Tengo muchos amigos y me gusta ir a los pueblos y visitarlos. Y, por mi trabajo, he tenido muchas audiencias con Juan Pablo II y con Pablo VI. Tengo muchos amigos cardenales, obispos y monseñores. Mi trabajo me relaciona con todos ellos.

- ¿Y no echa usted de menos el mar, desde Madrid?

- Me encanta el mar y me tranquiliza. No soy hombre de meterse mucho en él, sino de verlo. Cuando veraneo en Mallorca, me paso horas pescando con una cañita en las rocas de Porto Colom, el puerto más bonito del Mediterráneo. Pero la verdad es que, cuando llego aquí, cierro de repente. Y pongo un punto en mi vida de isleño.

- Curiosamente, la mayoría de isleños conocidos en Madrid son gente que vive holgadamente. A algunos incluso les ha ido más que bien y se han hecho de oro. Pero triunfar, en Madrid, no es nada fácil.

- No comprendo ese afán por acaparar dinero. Si, una vez muertos, no se van a llevar nada. Las mortajas no tienen bolsillos.

- ¿Piensa a menudo en la muerte?

- No. Sólo de vez en cuando y su imagen no me disgusta. Lo único que pienso es que allí me espera mi padre, Dios, con mis amigos y mi familia.

- ¿Se decanta usted por el enterramiento o la incineración de su cuerpo?

- Me da lo mismo. Y si alguien piensa que mis órganos pueden servir para algo, pues que los aproveche.

- ¿Le gustaría regresar definitivamente a Mallorca, una vez muerto?

- No me importa. Una vez muerto se acabó todo.

Ocho años después de esta entrevista, Antonio Mesquida, con setenta y cinco años, se conservaba perfectamente, rodeado de sus objetos de arte sacro y aumentando sus actividades.

“Mientras pueda aguantar y hacer lo que yo quiero retirarme –me dijo entonces, sorprendido–, no siento la necesidad de retirarme. Si no hay más remedio, lo haré, pero, mientras el cuerpo aguante”...

Era en enero del 2005 cuando viajó a México, en donde decoró dos iglesias; a Guatemala, invitado por el nuncio, amigo suyo; a Roma, donde mantenía innumerables relaciones con gentes de la Iglesia; a Ibiza, en donde restauró el retablo de la iglesia de San Rafael... Hoy, julio del 2011, Antonio Mesquida veranea en Mallorca en donde piensa dejar, si las autoridades aceptan su propuesta, más de doscientas piezas antiguas de arte y reproducciones de todo el mundo, en una Fundación de Arte Sacro parecida a la que ya tiene en Tenerife.

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