miércoles, 27 de abril de 2011

Inés Picornell Darder. Maestra y Neuróloga.


Inés Picornell Darder nace en Esporlas, un día de marzo del siglo pasado, el mismo que Felipe González. Es hija de un farmacéutico y tiene siete hermanos. Cursa primeros estudios en Magisterio que acaba con premio extraordinario. Pero ella quiere ser médico. Eran los años sesenta, tiempo en que se permitía a los varones salir fuera de la isla para cursar alguna carrera, pero no a las hembras, que debían estar más protegidas y no hacer esas locuras. Pero si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Y su padre vende su farmacia para ir a Madrid, en donde sus ocho hijos estudiarán. Sólo al trasladarse allí se le permite estudiar medicina. En 1971, se licencia con premio extraordinario. Y se convierte en una neuróloga de cierto prestigio. Es Presidente de Honor de la Sección Española de Neurofisiología Clínica y Presidente de la Comisión Nacional. Durante 17 años preside la Secretaría General del Consejo Nacional de Especialidades Médicas. En el año 1986, dirige por seis años la Revista Española de Epilepsia. Y, desde 2001, año que la entrevistamos, preside la Liga Española contra el Cáncer y la Liga Española contra la Epilepsia (LECE).

- ¿Por qué se fue de Mallorca?

- Mis padres decidieron salir de la isla para que todos pudiéramos estudiar una carrera, cosa que allí era imposible. Era la única posibilidad de dar estudios a todos mis hermanos. Y, en 1965, nos vinimos a Madrid, sin un trabajo ni un puesto fijo. Menos mal que, como farmacéutico que era, mi padre tuvo enseguida la posibilidad de abrir una farmacia.

- ¿Cómo era la isla cuando la dejó, comparada con la de hoy?

- Muy diferente, aunque hay cosas que no han cambiado. Yo creo que Mallorca debe ser el único sitio del Mundo que ha convertido a los turistas en un ghetto. La isla contaba con muchos turistas, pero eran recibidos aparte. Con unas ideas mucho más abiertas, renovadoras y libertinas, los turistas que venían a la isla estaban aparcados en espacios dedicados a ellos, lo que permitió que no “contaminaran” a los mallorquines. Ello ha permitido conservar cosas, sobre todo en el medio rural. Hubiera podido ser la primera isla “contaminada” por el turista, pero no fue así. Y aunque, posteriormente, fue “invadida” por ellos, todavía hoy en día no se puede hablar de una mezcla total. El mallorquín, que es generoso hasta cierto punto, sigue siendo muy suyo, mantiene ciertas barreras y establece una diferencia entre él y los turistas que le visitan.

- ¿Y sigue conservando su propia personalidad?

- Así es. Tiene la apariencia de no importarle mucho las cosas. Es una persona discreta que no necesita protagonizar ni programar nada. Su lema es “ja eu vorem”. Nunca dice “no”, sino “ya veremos”. Algo que puede ser “sí”, pero que posiblemente sea un “no”. Y no quiere comprometerse ni atarse a nada sin haberlo pensado bien. En cuanto a la mujer es especial: el único monumento levantado en el Mundo a la mujer está en Sa Pobla. La mallorquina es muy fuerte.

- Una vez terminada su carrera de medicina ¿en qué se especializó?

- En Neurofisiología, en el Clínico. Hice la tesis doctoral sobre este tema. Luego, conseguí una beca para ampliar estudios de epilepsia, en Marsella, con Henry Gastaud, y regresé a Madrid en donde hice unas oposiciones para entrar en la Paz, de médico adjunto en Neurofisiología.

Mañana: (II)Inés Picornell: Pionera en Medicina

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