miércoles, 4 de mayo de 2011

Margarita Retuerto (III). La mujer, en este país.

Margarita Retuerto, en su época de Defensora del Paciente en Madrid.


- Sobre su mesa de su despacho veo un libro mallorquín titulado "Historie de les dones a la Mallorca del sigle XIX". ¿Cómo ve usted a la mujer española y, en especial, a la mallorquina?

- La mujer ha sido la gran protagonista social de los veinte últimos años. La española se ha convertido en un especialista en el arte de saltar barreras. Para conocer mejor la historia de las mujeres mallorquinas estoy leyendo este libro que considero muy interesante. Los valores de fidelidad, defensa del honor y al mismo tiempo la ternura, la fragilidad, la femineidad, eran las características de la literatura mallorquina del siglo pasado. Pienso que el papel de la mujer es difuso, no ha tenido el protagonismo que ha podido tener en otros ámbitos de nuestro país. Un papel que se ha difuminado por una sociedad muy patriarcal y etnocéntrica, que se compadece mal con la realidad de la mujer mallorquina. Por lo que yo conozco, hay revelantes mujeres en la vida pública mallorquina y un plantel de juristas importantes, aunque no todas sean de las islas.

- ¿Puede usted enumerar nombres concretos?

- Pienso en magistradas como María Rosa Rigo, Margarita Beltrán, Begoña Guardo, Rafaela Rodríguez y Camen Abrines; en fiscales como Rosa Cosmeli y María Moretó; en procuradoras como María Oto y Marya e Isabel Muñoz; en secretarias judiciales como María Isabel del Valle; en letradas como María Dolores Lozano, Teresa Castellá, Celia Togores y María José Buades, que, además, es mi prima, por no olvidar a la decana de la Facultad de Derecho, Isabel Tapia. Podría citar a muchas más. En esta lista no están todas las que son, pero sí son todas las que están. Creo, en definitiva, que el futuro de la historia de Baleares debe pasar por una incorporación más decidida de todas las profesionales en todos los niveles de la sociedad.

- El maltrato de mujeres ha sido constante a lo largo de la historia. ¿Por qué hoy en día se notan y se denuncian más que antes?

- Porque hay mayor sensibilidad. Sin embargo, todavía no se denuncia lo suficiente. El Instituto de la Mujer, en unas jornadas organizadas en el Consejo General del Poder Judicial, ha dado unos datos absolutamente reveladores y escalofriantes. Al mismo tiempo, se ha hecho un análisis técnico jurídico y sociológico de esta realidad y se ha apuntado que cinco mujeres mueren al mes en nuestro país por maltratos; doce al día son víctimas de maltratos recibidos; cincuenta y siete al día son víctimas de los mismos en grado de falta; y cada hora se registran tres denuncias. Moviéndonos en grandes cifras, en el año 1997 hubo noventa y una muertes en el ámbito familiar y más de veinte mil denuncias. Es un tema que aumenta cada año. Por supuesto que estos maltratos no suponen sólo la violencia física, sino también la psíquica, más difícilmente demostrable. ¿La razón? Unas estructuras de poder históricamente desiguales. El poder patriarcal es el de padre. La ley del silencio, la supuesta protección a la familia. Por eso antes no se denunciaban más. Cuando ese trata de un atentado contra los derechos humanos, un crimen contra la humanidad, hay que romper esa coraza de perversa y falsa protección a la intimidad por la opresión y el silencio que lo rodean. Y las primeras que tienen que romperlo son las propias mujeres.

- ¿Cómo interpreta, en el mundo de las leyes, esa violencia en la que se ven inmersas las mujeres?

- Existe una sensibilización de la opinión pública, pero no basta sin una ayuda a las víctimas. Es muy importante señalar que el gran ausente del Derecho Penal ha sido la víctima. Tienen que buscarse nuevos medios de convicción. Tiene que darse al juez la posibilidad de que adopte medidas cautelares. Y estudiarse la figura del distanciamiento. Los casos de violencia contra la mujer, los maltratos domésticos y las agresiones sexuales deben tramitarse como juicios rápidos. Hay que potenciar la asistencia letrada y la intervención del fiscal. Hay que trabajar con el Instituto de la Mujer para la formación específica de los jueces, tema sobre el que el Consejo ya está actuando. Este drama para la mujer tiene para nosotros absoluta prioridad

- Con un matriarcado en boga ¿piensa que irían mejor las cosas en este país?

- Simone Veil, ex presidente del Parlamento Europeo, dijo que no había que entrar en conflicto con los hombres, sino que había que alcanzar el poder y ejercerlo conjuntamente. Las fórmulas de patriarcado o matriarcado pueden reproducir estereotipos semejantes. Lo que creo que debe cambiar son los parámetros culturales. Y el cambio de las culturas significa que la mujer acceda a todos los status de la vida social, incluidos los puestos de alta dirección. Hay que romper techos de cristal, pero no me gustan los estereotipos.

- En una sociedad matriarcal ¿existirían las cárceles y el paro continuaría siendo el mismo o, por el contrario, disminuiría?

- Al trabajar junto al Defensor del Pueblo, he visto que la situación de las mujeres presas no era igual a la de los varones presos, sino a veces peor. En los centros penitenciarios de nueva construcción en los que había módulos específicos para mujeres, sí, pero no en los antiguos. En los de nueva creación, se ha experimentado una considerable mejora, pero no así en los departamentos de mujeres. En éstos, he visto situaciones de auténtico hacinamiento. Llamo la atención sobre el hecho de que ha aumentado notablemente el número de mujeres presas que cumplen además, condenas largas, muchas con hijos y, a veces, con poca participación en los trabajos y las actividades educativas generales en los centros. La cárcel es el último instrumento que tiene la sociedad para defenderse. Pero no es el único. Además de su sentido represivo, debe haber un principio de reinserción, que es un valor constitucional. En cuanto al paro, es cierto que es una llaga, preocupación de toda la sociedad. El paro genera pobreza y la pobreza, marginación y exclusión. Observemos la situación de los emigrantes, las zonas rurales o la marginación de las grandes ciudades. Todo ello exige unas respuestas muy imaginativas, y, como creo en la imaginación de las mujeres, hay que darles la oportunidad para que estas propuestas puedan hacerse realidad.

Mañana: Margarita Retuerto (IV). Cuatro mujeres en el gobierno.

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