jueves, 8 de septiembre de 2011

Juan Santamaría. Ex aventurero, ex comerciante, ex presentador de TV, cocinero y actor.


Ha sido de todo en su vida: comerciante, aventurero, presentador de televisión, cocinero, actor… Un totun revolútum que Juan Santamaría supo condimentar con maestría a su debido tiempo. Desde muy pequeño le gustó el comercio, el trueque y la aventura. Nacido en Palma el 25 de octubre de 1942, el viento parecía soplar a su favor hasta que, en 1976, rompía con todo, incluido su matrimonio, y se plantaba en Madrid, donde volvía a empezar de cero. Se relacionó con el mundillo del teatro, la radio, el doblaje, el cine y la televisión. Fue el primer mallorquín que presentó un programa nacional televisivo: “625 líneas”, de José Antonio Plaza, y el primero que introdujo el “Informativo Balear” en Televisión Española, cuando se empezó a emitir desde Madrid. Formó parte de los periodistas televisivos aparcados en “los pasillos” por el poder socialista. Hasta que, en 1986, abría en Pozuelo el primer local en donde preparaba paellas para llevar. Y más tarde, tras varios fracasos empresariales, montó su propio restaurante y sacó la patente de sus “paellas multisabor”, con varios compartimentos estancos. Pero, antes de continuar con esta entrevista, realizada en el 2000, comencemos por el principio

- Me pregunto cómo fue su infancia.

- Normal. Estudié mi bachillerato en el Colegio de los Jesuitas de Montesión. Mi padre era un industrial catalán; mi madre, una mallorquina. Pasamos las dificultades normales de aquella época. En mi primera Comunión fui vestido de marinerito. Mi primer traje largo fue uno de mi padre al que se le había dado la vuelta. Nadábamos en Porto Pí y era muy aficionado a la pesca. Desde muy pequeño, me gustó el comercio, el trueque, la aventura, y conocí la cultura del pelotazo en pequeñas historias. Yo he hecho contrabando de tabaco y he traído mecheros a España. No creía mucho en los estudios y la verdad es que hoy lo lamento. Pero bueno, me he espabilado en la vida y he salido adelante.

- ¿Cuándo empezó a trabajar?

- A los 16 años, como agente comercial. A los 22, me casé por primera vez y, a los 27, ya tenía tres hijos. Me divorcié de la primera mujer, una catalana que luego se desposó con un íntimo amigo mío, y me volví a casar con una madrileña con la que tuve dos hijos más. Y aquí paz y allí gloria.

- Tengo entendido que, desde siempre, tuvo usted una gran vocación por el teatro.

- Desde niño, asistía a las funciones teatrales. Recuerdo que me apasionaban las compañías que venían de fuera y el teatro regional mallorquín. En aquel tiempo, esa afición no estaba demasiado bien vista, sobre todo por las familias de clase media, pero yo estaba empeñado en subirme a un escenario. Mi madre y mis tías tenían un estanco que estaba enfrente del Águila, en la Plaza Mayor, muy cerca del Teatro Principal. Y yo me las ingeniaba por hacer amistad con las personas que trabajaban en él. De manera que, cuando había función, tras colarme o entrar gratis, siempre me encontraba allá. Hasta que debuté con la compañía Artis, con Cristina Valls, Xex Forteza y Francisco Forteza, e hice un par de funciones. Luego, me metí en el mundo de la radio. Decían que tenía buena voz y me señalaban Madrid como mi punto de mira. Pero había que dedicarse al trabajo y sacar una familia adelante. Hasta que vinieron las dificultades en el negocio y en el matrimonio, que ocasionaron el posterior divorcio y resurgió esa gran afición.

“Empezar de cero es sanísimo”.

- Total, que concluyó la parte profesional y afectiva en Mallorca y se vino a Madrid.


- Recuerdo que fue en enero de 1976, recién fallecido Franco. No conocía entonces a nadie en esa capital que perteneciera al mundillo del cine, el teatro, la radio o la televisión. Pero sabía que aquí estaban todos. Y comencé a pulular por sus calles. La experiencia fue muy dura, entre otras cosas porque provenía de un descalabro económico anterior. Me había arruinado en los negocios y en el trabajo que tenía en Mallorca y, a la par, se arruinó mi matrimonio. Fue como si, de repente, mi casa se hundiera. Y me vine, hundido moral y económicamente, a empezar de nuevo, con 33 año.


- Pero alguna amistad sí tendría.

- Sólo algunas del mundillo anterior mío de la tapicería, la decoración y el comercio, pero no me interesaba nada de todo eso. Tenía amistades en banca, directores que habían estado destinados en Mallorca y habían ido a parar a Madrid. Hubiera podido trabajar en cualquiera de estos sectores pero tampoco me interesaba. Quería empezar una nueva fase de mi vida tanto profesional como sentimental. Así que me vine solo, con 3.500 pesetas para pagar la primera semana de pensión y punto. Es algo que recomendaría hoy a quienes están en el poder económico y social. Que, de repente, se auto-excluyesen de la titularidad de sus cuentas corrientes y que cogiesen el equivalente a las 3.000 pesetas de entonces que pueden ser 50.000 de ahora y volviesen a empezar, sin utilizar nada de su patrimonio, de sus amistades ni de sus artilugios. Empezar de cero es sanísimo.

- ¿Qué aprendió usted de esta experiencia?

- Muchísimas cosas. Aprendí a robarle las croquetas al camarero cuando le pedía un vaso de agua. Aprendí a sobrevivir y adelgacé. Aprendí a apreciar la poca cantidad de dinero ganada con un trabajo ocasional de unas horas. Recuerdo que me metí en una empresa cuyo trabajo era el pinchar dedos de niños para sacarles sangre, colegio tras colegio. Aprendí a sorprender a alguna señora, económicamente bien situada. A mis 33 años, era un hombre guapo, iba bien vestido y fui precursor de los acompañantes de señoras ricas, trabajo que, hoy en día, está tan de moda. A muchas de estas señoras les gustaba llevar a un hombre al lado sin que pasaran a más. Estar con ellas, en un cócktel, permitía relacionarme en un círculo de gentes y de amistades y me nutría bien. Ahí empezaron los contactos y conocí a mucha gente del mundillo del teatro, de la radio, del doblaje, del cine y de la televisión.

Presentador de televisión.

- ¿Qué había hecho, en cine o en televisión, hasta este momento?

- Lo primero que hice fueron radio novelas de la Cadena Ser y Radio Nacional, y diferentes estudios de doblaje para cine y televisión. Además, algunas cositas en cine. También me inicié en el teatro como actor de moda. Me llamaban directores de cine para que interpretara papeles. Recuerdo que había conseguido uno en una película rodada en Bilbao. Mientras una maquilladora me arreglaba la cara, comentaba con otra que había oído decir que José Antonio Plaza estaba buscando a alguien para sustituirle en la presentación de su programa “625 líneas”. Hice alterar el plan de rodaje al pobre Rafael Gil que me dio un día libre. Me metí en el tren y vine a Madrid en donde localicé a José Antonio Plaza, quien me hizo una prueba y me aceptó para sustituirle. Con ese programa que hacía, junto con Mayra Gómez Kemp, en aquel momento, se me abrieron las puertas de par en par.

- Supongo que, a partir de ese momento, tuvo que rechazar no pocas ofertas de trabajo.

- Por supuesto. En cuanto me asomé a la pequeña pantalla, se me empezó a conocer por toda España. Tuve incluso ofertas para anunciar determinadas marcas de tabaco americano o para interpretar cine porno, e incluso para dejarme inventar una hija secreta no recuerdo con qué actriz de segunda fila. Ofertas que, por cierto, rechacé a pesar de las importantes cantidades que me ofrecían. Aquello era el no da más.

- Usted presentó el primer Informativo Balear que se hacía desde Madrid. ¿Cómo fue esa experiencia?

- De haber aceptado el traspaso a la isla, hoy yo podría estar en Televisión Española en Palma. ¿Que por qué me negué en último momento? Porque no quería ser aplastado por el centralismo catalán que entonces comenzaba en la televisión regional. Existe un centralismo en Palma con relación a la provincia, y un centralismo en Barcelona con los países de habla catalana. Mallorca está viviendo la consecuencia de su propio centralismo con respecto a las otras islas, a la vez que sufre el intento del centralismo catalán. Baleares está en el área de influencia de Catalunya, que es muy poderosa. Mallorca tiene su propia idiosincrasia, su propio centralismo, sus propias historias, pero Catalunya se alarga mucho y acabará por absorbernos. Es un fenómeno que, aparte de la Televisión, se produce en las escuelas, en las universidades, en la radio y, dentro de unos años, se hablará el más puro catalán en toda Mallorca y, poco después, en el resto de las islas. Ya sé que el mallorquín es un dialecto del catalán, pero tiene su propia vertiente, su propia música y habla. Cosa que están intentando aplastar. Ya entonces se estaba viviendo este problema. Fue una de las causas que a mí me hicieron desistir cuando ya tenía toda la documentación preparada para irme a Mallorca a trabajar en el centro regional. Y me quedé en Madrid.

- Entre el supuesto centralismo matritense y el catalán ¿cuál prefiere?

- Ninguno de los dos. Pero, si tuviera que elegir... Yo no soy ni de derechas, ni de izquierdas, ni franquista, ni comunista. Tengo mis tendencias políticas que no están virando hacia ninguno de los extremos. Más bien me quedaría en el centro. Tengo que reconocer que muchas cosas buenas que ahora dan sus frutos son consecuencia de inicios de épocas anteriores del socialismo que a mí no me trató nada bien. Y que el centralismo madrileño ha terminado por desaparecer. A fin de cuentas, prefiero éste, sin que con ello esté deseándolo. Creo que su óptica es bastante más amplia.

Su paso por Madrid.

Usted tiene la reputación de ser un enamorado de Madrid y un poco renegado de la Mallorca catalanista.

- Nada más lejos de la verdad, aunque es cierto que estoy muy enfadado con los mallorquines porque están vendiendo la isla a los alemanes. La tierra se puede cultivar, negociar, alquilar, explotar de mil maneras. Cierto que los alemanes pueden hacerse con todo. Pero, si los mallorquines pensaran un poco, se darían cuenta de que la tierra ni tiene precio ni puede venderse. Claro que, al paso que van, dentro de cincuenta años serán los criados de los alemanes, o sus perros, atados con cadenas. Esto puede ser pan de hoy y hambre para mañana.

- En Madrid, en donde reside durante más de veinte de años, ¿continúa usted sintiéndose mallorquín?

- El funcionamiento económico de Madrid, que es una gran ciudad que adoro, estaba basada en dos polos importantes: la población madrileña, la banca, la gran empresa, las compañías de seguros, etcétera que hoy siguen; y el Madrid derivado de la gran población flotante que la visitaba durante dos o tres días para arreglar cualquier cosa de tipo burocrático, puesto que todo estaba centralizado en ella. Ahora ya no hay que venir aquí para nada. Cualquier cosa se tramita en los gobiernos autónomos. Al amparo de ese segundo Madrid, había mucho teatro, mucho comercio, mucho restaurante y una vida de noche que ha desaparecido. Ha sucedido algo que está bien para el conjunto del país pero que a Madrid le ha perjudicado. Y Madrid ha pasado unos años muy difíciles. De golpe y porrazo, la economía particular se ha perdido; se han cerrado comercios, restaurantes; la pequeña industria ha tenido que evolucionar... El arte, al contrario de antes, cuando, si no se estrenaba una obra en la capital del reino, no se tenía éxito en el resto de España, ya no es tan importante. Hoy en día se estrena en Valencia, en Bilbao, y no pasa nada. Pero Madrid es un gran pueblo y puede mucho. Y aquí están estos madrileños y la gran mayoría que no lo somos, peleando por Madrid. Pero vayamos a su pregunta. Yo me siento muy madrileño y de cuna mallorquina. La prueba de ello es que he cocinado en Tokio, en Estambul y en Atenas y los platos de más éxito han sido los de clara inspiración mallorquina. Me siento muy mallorquín por la cocina, por el habla y por las buenas amistades mallorquinas que hay en Madrid. Lo único que ocurre es que mi vida se desarrolla aquí.

- Y aquí desarrolla usted sus dotes artísticas, hermanándolas con su carrera, su trayectoria personal y su labor de empresario. Sobre todo en televisión.

- La verdad es que, en 1981, yo llevaba un carrerón en Televisión. Bien es cierto que nadie me regaló nada. Entré a trabajar por mis propios esfuerzos y nunca creí que fuera un monstruo por estar en pantalla los domingos a las siete de la tarde y presentar “625 líneas”, un programa visto por veinte millones de españoles. Pero, cuando los socialistas ganaron el poder, cambió la directiva de Televisión. La nueva entró con mucho miedo de que, los que estábamos en pantalla y los que escribíamos, pudiéramos, de alguna manera, trastocar ese poder que ellos habían conseguido. Y utilizaron los comisarios políticos. Pero no iban a arruinar las arcas de la casa echándonos con indemnizaciones millonarias. Así que eligieron mandarnos a la inactividad, al “pasillo”, sin que pudiéramos hacer absolutamente nada. Sin darnos el más mínimo aliciente de un trabajo. Yo me he tirado meses sin ir a Televisión, cobrando puntualmente de ella. Y cada vez que me llegaba el sueldo a través del banco, me daba una vergüenza tremenda. Pero, a la vez, aquello era como una coz de burra.

- ¿Y los sindicatos?

- Los sindicatos no nos hacían ni puñetero caso. Estaban muy calladitos y, en esa época, nadie tenía el puesto de trabajo seguro. Mi única forma de lucha era presentarme todos los días a las nueve de la mañana en el despacho del director de personal a pedir trabajo. Hasta que, por fin, un día me dieron un destino en la gerencia de publicidad en Televisión Española Allí me encontré con un personaje nefasto, sudamericano, lleno de complejos y de lo más deleznable que se podía uno echarse a la cara, como profesional, que me prohibió hacer cualquier cosa. Llegaron a prohibirme hasta que me sentara en una mesa porque no tenía ninguna función que pudiera desempeñar. Así que me pasaba el tiempo de pie, en el pasillo. Y, en una ocasión, llegamos a las manos. Florencio Solchaga, a quien habían metido en un cuarto oscuro por el hecho de haber dado el parte médico diario de Franco, y yo, negociamos el mismo día, nuestra salida de Televisión. Cuando Florencio salió de aquel despacho estaba verde, con lágrimas que le asomaban en los ojos y una rabia contenida.

- ¿Por qué razón iban a por usted, si no estaba en contra ni a favor del PSOE?

- Porque mi imagen era conocida a través de la pantalla. Y todo lo que pudiera recordar a épocas anteriores tenía que ser apartado. Una locutora de informativos que presentaba un informativo semanal muy importante, la cual todavía está en candelero pero ya no en Televisión, llegó a decir, en el momento de oír mi voz en off: “Pero todavía hay voces del franquismo funcionando en esta casa?”

- En octubre de 1992, tras una larga y penosa lucha con toda clase de zancadillas, le dieron el finiquito ¿Cuál fue su precio?

- Zancadillas, desprecios e infructuosos años, ahogados, según explico en el libro “Arroces, experiencias y recetas varias”, en la más completa inutilidad. Me dieron doce millones. Pero yo sigo preguntándome quiénes eran aquellas personas, hombres y mujeres, nombrados jefes por el dedo de la amistad o afinidad política, aquellas personas capaces de condenar a sus semejantes al más absoluto ostracismo profesional.

Entre pucheros.

¿Cuál fue su nueva perspectiva en la vida?

- Mientras aguantaba todas estas dificultades, me preparaba a mi manera. Y desarrollé mi actividad entre pucheros. Abrí un local especializado en paellas para llevar. Toda la vida se me ha dado muy bien hacer la paella. Desde que era un chavalín de siete años, ya ayudaba a la abuela, que era valenciana, en estos menesteres. En mi casa, de la calle de los Olmos, teníamos un palomar y, cada domingo, sacrificábamos un pichón y, con cuatro piedras y cuatro trozos de leña, montábamos un fogón y hacíamos una paella. La cocina siempre ha sido mi fuerte. Los mallorquines somos muy dados a esto. En cada casa hay una cocinera y los mallorquines tienen mucha sensibilidad para cocinar. La buena cocina es propia de las personas sensibles. Y los mallorquines somos muy dados a la sensibilidad. Entre nosotros hay grandes pintores, grandes músicos, grandes escultores, grandes artistas y grandes cocineros. El mar, que hecho mucho de menos, así como la luna, nos influyen. Nos hace funcionar el riñón a unas horas determinadas.

- Volvamos a la sensibilidad culinaria...

- En el año 1986, como le iba diciendo, había montado, en Pozuelo, un negocio de paellas para llevar. Me di cuenta de que aquí no había nada por el estilo. Al principio, me decían que estaba loco, que el arroz se pasaba. Entonces ni existía la Tele pizza, ni la tele paella, ni tele tortilla, ni el tele pollo, ni nada por el estilo. Yo fui el primero que montó algo a raíz de un viaje a París, en donde había visto un cartel en un restaurante que decía: Plats à emporter. Lo mismo que hacían los chinos, los primeros que mandaron comida a las casas. Luego, mucho después, empezaron los italianos con las pizzas. Y ahí en medio me encontraba yo, con mis paellas para llevar.

- ¿Y tuvo usted éxito?

- No se puede imaginar lo que aquello fue. Llegué a tener una cocina con doce fuegos en batería, más los hornos correspondientes. Hacía once clases distintas, desde paellas para dos hasta para veinticinco. Y en la ejecución, manejaba al mismo tiempo veinticuatro paellas. Las primeras pruebas las hice conmigo mismo. Yo me hacía una paella, la metía en mi coche, me iba a casa pero, al llegar, aquello estaba pasado. Entonces me puse a estudiar a base de analizar la composición del arroz. Y descubrí que había un determinado producto natural que, metido en el fumet, en el caldo con el que se hacía la paella, no sólo le daba buen sabor sino que, además provocaba la fermentación del almidón que lleva el arroz en ebullición. Recuerdo que un día se presentó un señor y me dijo que era el propietario de los Burger King de toda España y que se llevaba paellas de mi casa porque no se pasaban. Quería que fuera a trabajar con él y que distribuyera paellas en los Burger King de toda España, que me daba todo el dinero que quisiera. Le contesté que quería dormir tranquilo en mi casa, con mi mujer, y morirme en mi cama.

- O sea que se negó a entregarle la fórmula del arroz que no se pasa y se quedó en donde estaba. Pero luego hizo tratos con otros empresarios.

- Abrimos un pequeño restaurante y conocí a un personaje nefasto que era un hombre cargado de millones y caí en sus manos. Su hobby y su afición secreta era estafar a la gente. Y, a medida que hacía estas estafas, se enriquecía cada vez más. En aquel momento, no me di cuenta de su trampa. Iba a ser propietario al cincuenta por ciento. Escuché los cantos de sirena y nos asociamos. En poco tiempo, montamos una fábrica de pan y dos pastelerías en las que hacía ensaimadas mallorquinas. Pero aquella asociación, que me costó dieciocho millones de pesetas gastados en maquinaria, no duró mucho. Y fue una aventura desgraciada.

Las paellas multisabores de Santamaría.

- Así que, al final, se marchó usted y abandonó a su socio.

- Lo único que él buscaba era mi patrimonio y los negocios montados con mi maquinaria en sus locales. Él continuó un par de meses hasta que tuvo que cerrar. Yo me quedé mal otra vez. Pero esta es mi vida. Además, ya había aprendido mucho, sobre todo de cocina. Hice algunos intentos de trabajar para otros empresarios de hostelería. Con uno estuve nueve meses. Pero, por lo visto, yo no he nacido para trabajar para otros. Y entonces fue cuando me quedé con este restaurante, el Cala Fornells que, en unos años, se colocó a la cabeza de muchos restaurantes de Madrid. Nuestros clientes dicen…

- ¿Qué clase de clientes?

- Se trata de gente importante, no valorada por su dinero, sino porque sabe apreciar las cosas bien hechas. Y estoy permanentemente volcado sobre mi negocio, evolucionando hacia lo que creo que tiene que ser la nueva restauración en España, que está muy atrasada. Las diferencias que existen entre nuestra restauración con la del extranjero son abismales. Por ejemplo, en el tema de la higiene, andamos muy mal. Por eso damos a conocer nuestra higiene al cliente. Nosotros enseñamos la cocina a quien desea verla. Y tenemos, en la carta, una ficha técnica en la certificamos que la gente que elabora nuestra comida está sana. Y la mantenemos en permanente vigilancia.

- De manera que se especializó en higiene y en arroces…

- Un día estaba cocinando y me entraron diez personas que ocuparon una mesa y me pidieron cinco paellas diferentes. Entonces, caí en la cuenta de que una mesa me podía hipotecar todo el local durante media hora. Y me dije que no era la velocidad lo que yo necesitaba. Ya había intentado hacer algo cuando creé las paellas para llevar, pero tenía el proyecto aparcado. Hasta que puse en marcha la “paella multisabor”, una paella con varios compartimentos estancos. Cada uno es un sabor y cada sabor es para una persona diferente. De esta manera, hice, en un solo fuego, una paella para varias personas que pedían arroces diferentes y las serví en un solo viaje. Funciona de maravilla. Y la patente, que en Japón quisieron comprarme, la tengo yo.

- Un pueblo ¿puede llegar a conocerse a través de sus platos elaborados?

- La cultura gastronómica es, en nuestro país, la gran olvidada. No se puede imaginar lo que España podría vender en el exterior a través de su cocina. Ahí tiene, por ejemplo el tema del aceite. El de Oliva, que puede desterrar las mantequillas, las margarinas y las grasas extrañas, ahora se está empezando a utilizar en Japón. La cocina española es mucho más conocida en el extranjero que en España. Ha habido turcos que me han hablado de platos españoles que yo sólo conocía de referencia a través de libros. En Atenas, me han mencionado el arroz de la tierra que, en realidad, no es arroz, sino un plato maravilloso que se hace con trigo molido en Mercadal, pequeña localidad menorquina. A través de la cocina, se puede mover tanta gente... Lo que es una barbaridad es traer turistas a España y darles bazofia. Si, además de buen sol, buena playa y buen alojamiento, les ofrecemos buena comida, los convertimos en agentes de ventas. Y si tenemos cinco millones de turistas, tenemos cinco millones de agentes de ventas. Pero este turista tiene que quedar muy contento porque el estómago es una de las principales causas por las que se puede satisfacer a una persona. Lamentablemente, estamos teniendo en contra la invasión de la comida americana.

- Dentro de la cultura gastronómica española ¿distinguiría claramente la balear?

- Por supuesto. Es una cocina muy elaborada que lleva tiempo hacerla. Yo le resto cantidad de grasa; la refino y la decoro. Hay algunos platos que me cuestan mucho disfrazar. Por ejemplo “Es Frit”. En Madrid, no he conseguirlo venderlo. Pero, el cincuenta por ciento de nuestra comida es balear. Uno de los platos más pedidos es la sobrasada asada con miel. No utilizamos casi la mantequilla, que es sustituida por el aceite de Oliva, y sí el ajo, como elemento importante, el hinojo, las hierbecitas, la salsita, los productos naturales y otros.

- El restaurante ¿es un sitio adecuado para hacer grandes... amistades?

- Por supuesto. Amistades que hay que saber colocar en su sitio. No es bueno mantenerlas con intención de derivarlas hacia otros asuntos. Porque es sólo amistad de restaurante. Yo siempre digo que tengo una taberna o una casa de comida para amigos

- ¿Conoce a otros mallorquines que vivan en Madrid?

- Los mallorquines que viven en Madrid nos integramos en la competencia. Una sana competencia, pero competencia, al fin y al cabo. Por ser mallorquines no nos juntamos más sino que nos prestamos un poco más de atención. Pero, en competencia.
Mallorca y fuera de Mallorca.

A sus sesenta y nueve años, Juan Santamaría, un viejo zorro en el arte de hacer arroces y presentar personajes, ha viajado con sus paellas por el mundo. Ha estado repetidas veces en Tokio, Estambul, Atenas, EEUU, enseñando cocina española y ha hecho muestras culinarias por Suiza, Nueva York y por diversos países sudamericanos. Son numerosos los webs que, en Internet, hacen alusión a sus arroces. Publicó un libro que alterna su experiencia personal con las comidas mallorquinas: “Arroces, experiencias y recetas varias. Cocina Mediterránea”. Del Mediterráneo pasó a Madrid y de éste a Salamanca.

“Madrid se me empezaba a caer encima –nos confesaba seis años después de esa primera entrevista en la que narraba su experiencia en la capital de España–. El tráfico, el exceso de población y las prisas me hacen huir de Madrid, asentándome en Salamanca, Así que, después de mi segunda separación, vendí la casa y el restaurante y decidí poner tierra por medio, instalándome en Salamanca, en donde abrí mi restaurante Cala Fornells”. Presume de tener amigos en las cocinas de medio mundo. Allí abre, en enero del 2008, “El Andamio Producciones Teatrales, S. L.” Y en él, estrena “Cosas de la edad tardía”, que interpreta y pone en marcha en diversas localidades. Escribe asimismo “La verdadera fortuna” y “Cualquiera… por ejemplo, tú”. En el 2010, recibe el Premio Hostelería. Terminamos hoy con las últimas preguntas que le hicimos cuando aún vivía en Madrid.

- ¿Vuelve de vez en cuando a Mallorca?

- Poco porque, cuando vuelvo, me encuentro a disgusto, no con la tierra y con la gente, sino con los no mallorquines que me tratan como a un turista. Me encuentro a disgusto porque allí no como bien, porque se está perdiendo la cocina mallorquina y porque se me han muerto los viejos. Por lo tanto, si no es para visitar el cementerio... Y, la verdad, no me apetece. Allí me quedan dos hijos y una nieta. Pero ellos también vienen y nos relacionamos mucho. Tengo también grandes amigos que lo mismo podrían ser sevillanos, extremeños o canarios. No lo reduzco todo al mallorquinismo. Para mí hay otras muchas cosas por encima de éste.

- ¿Hay otras muchas otras cosas por encima de Mallorca?

- Lo que hay que hacer es salir de Mallorca para poder compararla y, si la comparación es favorable a la isla, quererla y amarla un poco más. Pero salir también con la mente abierta para poder captar otros lugares, otras culturas, otros pueblos y otras gentes, aparte de Mallorca. Un día regresaba de Ibiza a Mallorca y, en el trayecto del avión al aeropuerto, se juntaron varios mallorquines. Uno de ellos decía a otro: “Au, ja hem arribat”. Y el otro le contestaba con una aspiración: “Síí. Es guapa Eivissa –insistía el primero–, pero Mallorca es Mallorca, ¿eh?”. Y el otro repetía, convencido: “Síííííí....” Cualquier hubiera dicho que veníamos del Canadá o de Australia. El mundo es muy grande, Mallorca es maravillosa y yo admiro a la gente mallorquina, pero nunca he tenido esa cerrazón, ese impedimento de reconocer lo bello que hay más allá. El mallorquín viaja mucho pero con espíritu negativo. Cuando sube al avión o viaja a algún lugar, por lo general, va previamente convencido de que lo que va a ver es inferior en calidad, en hermosura, a lo que está dejando atrás. Y, cuando lleva tres o cuatro días fuera de su “roqueta”, ya tiene ansias de volver. Muchos de ellos están tan encerrados y embebidos en sí mismos que no se dan cuenta de las maravillosas oportunidades que pierden fuera de Mallorca y que salir de la isla no significa renegar de Mallorca, sino engrandecer el espíritu, el conocimiento, las amistades, la cultura, y descubrir otras cosas.

- ¿Por qué el mallorquín tiene tanto miedo de volver sin pasta a su isla?

- Por el qué dirán. Después de una aventura en el exterior, no puede permitirse regresar fracasado. Es algo que le destrozaría. Por eso trabaja más que nadie, agudiza el ingenio, elabora las cosas más insospechadas, hace lo que sea necesario, y, por lo tanto, triunfa. Todos los mallorquines que yo conozco en Madrid tienen dinero.

- Cuando muera, ¿le gustaría que le enterraran en la isla?

- A mí no me van a enterrar, sino a incinerar. Y la fantasía me hace decir que me gustaría que esas cenizas fueran esparcidas en aguas de las Baleares.

martes, 6 de septiembre de 2011

Margarita Retuerto Buades, ex Defensora del Pueblo y ex vocal del Consejo General del Poder Judicial.


Para algunas mujeres, la edad es como un secreto de Estado. Margarita Retuerto nos confesó que nació hace siglos, es decir, el 10 de noviembre de 1944, en Palma de Mallorca. Hija de un teniente general del arma de Aviación, Margarita fue bautizada en la Catedral. La casa de Palma en Es Carrer de Palau y la Casa de Son Matet, en Cala Major, eran dos referentes para ella.

Estudió derecho con ilustres profesores, entre otros, con Enrique Tierno Galván y con Joaquín Ruiz Giménez, siendo elegida, en 1983, adjunto al Defensor del Pueblo, institución en la que permaneció durante catorce años, los dos últimos como Defensora del Pueblo en funciones. En el momento de la entrevista, al final de la década de los noventa, era Vocal del Consejo General del Poder Judicial y una defensora ardiente de los derechos de la mujer.

-¿Siguió usted, como hija que es de padre vallisoletano y de madre mallorquina de pura cepa, la tradición familiar mallorquina?

- Soy la mayor de una familia de cinco hermanas y un chico. Y la primera de una saga de unos setenta y tantos primos hermanos. Mi madre, Margarita Buades, es también la decana. Tengo, a la vez, tres hijos, aunque fueron cuatro. Se llaman Gonzalo y Alfonso, nombres castellanos de raíz goda, en honor a mi padre. Al contrario de las chicas, Margarida y María de Lluch que son auténticos nombres mallorquines.

- ¿Qué recuerdos guarda de su infancia?

- Me acuerdo de mi bisabuela, Catalina. Tenía yo dos años y ella iba vestida con la falda larga negra y el pelo recogido en coleta. Vivía en Inca. Me acuerdo también de la casa de Palma, de los traslados en el verano a casa de mis abuelos, en Son Matet, en donde pasaba grandes temporadas. Hay otros dos recuerdos que tienen una impronta para mí: una tarta y una casa. En un homenaje que le hicieron a mi abuelo, Don Toni, que fue presidente del Mallorca, le regalaron una tarta de guirlache que me llegaba a la altura de la nariz. Era para mí la maravilla de las maravillas. El otro es la casa de Palma. De niña, mi habitación daba a un patio interior precioso del que se veía las torres de la Seu y la Almudaina. Debí de beber algo que me cayó mal y, estando en la cama, veía el movimiento de las palmeras y oía el sonido de las campanas. Me acuerdo también de las idas a Lluch, donde mi abuelo se encerraba temporadas a descansar, de las excursiones a la montaña, al Torrent de Pareis, etcétera. Son imágenes que no se pueden borrar.

- Usted nació en Palma, cuando su padre estaba destinado en León ¿En donde cursó sus estudios?

- Por toda España. De hecho, mi padre nunca estuvo destinado en Palma, y seguíamos su carrera. Los primeros estudios los hice en Madrid; el bachillerato, en Valencia; la Universidad, en Salamanca; el último año de Derecho, en Madrid, en donde me casé con un piloto, hoy en las Líneas Aéreas.

- ¿Fue buena estudiante?

- Siempre lo fui. No debí hacerlo mal cuando, en los primeros años de carrera en Badajoz, donde estudiaba por motivos familiares, tenía como profesor al Secretario de la Audiencia. Como cantaba bien los temas, algunos magistrados venían a escucharme, entre ellos su Presidente, Sánchez Valverde... Es curioso. Lo recordaba hace poco con su hijo, también magistrado, hoy Presidente de otra Audiencia de Andalucía. Terminé la carrera en Madrid sin ningún problema. Tuve la suerte de tener grandes maestros: don Enrique Tierno Galván, doña Gloria Begué, don Diego Espín, don Joaquín Ruiz Giménez... Este último, persona clave en mi formación jurídica y humana. Yo lo considero mi maestro.

Defensora del Pueblo, en funciones.

- Y, al final, ¿terminó usted en Madrid?

- Estuve dudando si hacer oposiciones a Registros o a Letrado de las Cortes. En 1978, y, coincidiendo con los debates de la Constitución, don Manuel Fraga Iribarne me pidió que formara parte como asesor en el grupo parlamentario. Desde esa dimensión técnica, trabajé en el Parlamento, desde 1978 a 1983. Tenía fama de seria, rigurosa y muy trabajadora. Me recuerdan siempre rodeada de papeles. Es la otra parte de mi temperamento.

- Quienes la conocen bien dicen que tiene usted muy mal genio pero que, al mismo tiempo, es muy extrovertida.

- Será mi herencia balear. Pero sí, soy muy trabajadora y me gusta estudiar los temas con profundidad.

- En 1983, cuando eligen a Joaquín Ruiz Giménez primer Defensor del Pueblo, éste le propone como adjunto, junto a Álvaro Gil Robles. ¿Qué supuso esa experiencia para usted?

- Haber formado parte de la institución del Defensor del Pueblo durante más de catorce años ha sido para mí una larga, fructífera e impagable experiencia constitucional. Fui adjunta segunda, primera, y Defensor del Pueblo en funciones, los últimos dos años y medio. Y tuve, en este periodo, la total confianza de todo el espectro parlamentario y el apoyo ciudadano. Es una experiencia que muy pocos pueden tener.

- ¿Qué tanto por ciento de gente que acude al Defensor del Pueblo se siente satisfecha de las respuestas que reciben de éste?

- Quien mejor podría responder a esta pregunta es el actual Defensor. Esta Institución goza de un alto conocimiento en la vida pública española. De cada cuatro españoles que se han dirigido a la misma, tres dicen que estaban total o parcialmente satisfechos pero que, en todo caso, se les había atendido. Y sólo uno se queja de que no se le había escuchado bien. Conozco bien el Ombudsman en el Mundo porque fui directora europea de esta institución internacional, junto con los representantes de Noruega, Suecia, Dinamarca e Inglaterra. Contribuí a consolidar la influencia del Defensor del Pueblo en Iberoamérica. Y creo, en definitiva, que es un elemento clave de la constitucionalidad moderna y que España dio un gran paso, en este sentido. La actuación de esta Institución en estos años ha sido un trabajo riguroso, ejemplo para otros países.

- ¿Cuántos países europeos carecen aún de esta figura?

- Muy pocos. Sólo Bélgica, Luxemburgo, Italia y alguno más.

- ¿Cómo está la aplicación de la Ley del Jurado?

- El Consejo General del Poder Judicial acaba de hacer un estudio de su aplicación hasta marzo del 97. En él se constata una tendencia a la huida del Jurado, un cierto sesgo hacia la benevolencia que se deja notar en los veredictos, y motivaciones insuficientes de los mismos. No hemos entrado todavía en la formulación de propuestas concretas porque, en este momento, estamos haciendo un segundo informe actualizado y más concreto. Hay que estudiar los recursos de apelación del Jurado ante las Salas de lo civil y Penal de los Tribunales Superiores de Justicia que permitirá una valoración de la institución con suficiente fundamento. Creo que es imprescindible una reflexión más profunda que permita proceder a la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado y se valore la conveniencia de no dictar respuestas apresuradas a ciertas situaciones de evidente repercusión pública que no deben confundir un juicio sosegado. He pedido un esfuerzo para deslindar extremos que conducen a corregir deficiencias técnicas de las que tienden a mermar el alcance y la intensidad del Tribunal del Jurado. Creo también que es imprescindible una formación de una opinión más consolidada y que se debe proteger al Jurado de determinada presión que puedan ejercer los medios de comunicación.

- ¿Cómo ve usted la situación judicial de Baleares?

- No es distinta a la que pueda existir en otros territorios judiciales, aunque el hecho de la existencia de la insularidad, el obligado desplazamiento de Secciones de la Audiencia, de Jueces a Menorca o a Ibiza, plantea aspectos que deben ser valorados. A los ciudadanos les preocupan las excesivas dilaciones, bien conocidas. A todos, el elevado índice de asuntos pendientes y registrados, básicamente no solo en materia civil, sino también en materia contencioso administrativa. Si a ello unimos el mal estado de algunas dependencias judiciales, las evidentes necesidades materiales, la estabilidad del personal auxiliar y la exigencia de un nuevo planteamiento de oficina judicial coherente que no esté dividida en compartimentos estancos, proporciono un panorama de necesidades evidentes. Por otra parte, los jueces y magistrados de Baleares soportan una elevada carga competencial. Una justicia de calidad en las islas exige que se avance en el proyecto de construcción del nuevo edificio judicial, que se continúe en la línea de informatización abierta con el convenio suscrito con el Gobern, que se intensifiquen los planes de formación continua del Consejo... En definitiva, actuaciones urgentes e inmediatas de todas las Administraciones competentes en el campo de la Justicia. Porque invertir en Justicia es rentable, lo exige la confianza de la Justicia.

La mujer, en este país.

- Sobre su mesa de su despacho veo un libro mallorquín titulado "Historie de les dones a la Mallorca del sigle XIX". ¿Cómo ve usted a la mujer española y, en especial, a la mallorquina?

- La mujer ha sido la gran protagonista social de los veinte últimos años. La española se ha convertido en un especialista en el arte de saltar barreras. Para conocer mejor la historia de las mujeres mallorquinas estoy leyendo este libro que considero muy interesante. Los valores de fidelidad, defensa del honor y al mismo tiempo la ternura, la fragilidad, la femineidad, eran las características de la literatura mallorquina del siglo pasado. Pienso que el papel de la mujer es difuso, no ha tenido el protagonismo que ha podido tener en otros ámbitos de nuestro país. Un papel que se ha difuminado por una sociedad muy patriarcal y etnocéntrica, que se compadece mal con la realidad de la mujer mallorquina. Por lo que yo conozco, hay revelantes mujeres en la vida pública mallorquina y un plantel de juristas importantes, aunque no todas sean de las islas.

- ¿Puede usted enumerar nombres concretos?

- Pienso en magistradas como María Rosa Rigo, Margarita Beltrán, Begoña Guardo, Rafaela Rodríguez y Camen Abrines; en fiscales como Rosa Cosmeli y María Moretó; en procuradoras como María Oto y Marya e Isabel Muñoz; en secretarias judiciales como María Isabel del Valle; en letradas como María Dolores Lozano, Teresa Castellá, Celia Togores y María José Buades, que, además, es mi prima, por no olvidar a la decana de la Facultad de Derecho, Isabel Tapia. Podría citar a muchas más. En esta lista no están todas las que son, pero sí son todas las que están. Creo, en definitiva, que el futuro de la historia de Baleares debe pasar por una incorporación más decidida de todas las profesionales en todos los niveles de la sociedad.

- El maltrato de mujeres ha sido constante a lo largo de la historia. ¿Por qué hoy en día se notan y se denuncian más que antes?

- Porque hay mayor sensibilidad. Sin embargo, todavía no se denuncia lo suficiente. El Instituto de la Mujer, en unas jornadas organizadas en el Consejo General del Poder Judicial, ha dado unos datos absolutamente reveladores y escalofriantes. Al mismo tiempo, se ha hecho un análisis técnico jurídico y sociológico de esta realidad y se ha apuntado que cinco mujeres mueren al mes en nuestro país por maltratos; doce al día son víctimas de maltratos recibidos; cincuenta y siete al día son víctimas de los mismos en grado de falta; y cada hora se registran tres denuncias. Moviéndonos en grandes cifras, en el año 1997 hubo noventa y una muertes en el ámbito familiar y más de veinte mil denuncias. Es un tema que aumenta cada año. Por supuesto que estos maltratos no suponen sólo la violencia física, sino también la psíquica, más difícilmente demostrable. ¿La razón? Unas estructuras de poder históricamente desiguales. El poder patriarcal es el de padre. La ley del silencio, la supuesta protección a la familia. Por eso antes no se denunciaban más. Cuando ese trata de un atentado contra los derechos humanos, un crimen contra la humanidad, hay que romper esa coraza de perversa y falsa protección a la intimidad por la opresión y el silencio que lo rodean. Y las primeras que tienen que romperlo son las propias mujeres.

- ¿Cómo interpreta, en el mundo de las leyes, esa violencia en la que se ven inmersas las mujeres?

- Existe una sensibilización de la opinión pública, pero no basta sin una ayuda a las víctimas. Es muy importante señalar que el gran ausente del Derecho Penal ha sido la víctima. Tienen que buscarse nuevos medios de convicción. Tiene que darse al juez la posibilidad de que adopte medidas cautelares. Y estudiarse la figura del distanciamiento. Los casos de violencia contra la mujer, los maltratos domésticos y las agresiones sexuales deben tramitarse como juicios rápidos. Hay que potenciar la asistencia letrada y la intervención del fiscal. Hay que trabajar con el Instituto de la Mujer para la formación específica de los jueces, tema sobre el que el Consejo ya está actuando. Este drama para la mujer tiene para nosotros absoluta prioridad.

- Con un matriarcado en boga ¿piensa que irían mejor las cosas en este país?

- Simone Veil, ex presidente del Parlamento Europeo, dijo que no había que entrar en conflicto con los hombres, sino que había que alcanzar el poder y ejercerlo conjuntamente. Las fórmulas de patriarcado o matriarcado pueden reproducir estereotipos semejantes. Lo que creo que debe cambiar son los parámetros culturales. Y el cambio de las culturas significa que la mujer acceda a todos los status de la vida social, incluidos los puestos de alta dirección. Hay que romper techos de cristal, pero no me gustan los estereotipos.

- En una sociedad matriarcal ¿existirían las cárceles y el paro continuaría siendo el mismo o, por el contrario, disminuiría?

- Al trabajar junto al Defensor del Pueblo, he visto que la situación de las mujeres presas no era igual a la de los varones presos, sino a veces peor. En los centros penitenciarios de nueva construcción en los que había módulos específicos para mujeres, sí, pero no en los antiguos. En los de nueva creación, se ha experimentado una considerable mejora, pero no así en los departamentos de mujeres. En éstos, he visto situaciones de auténtico hacinamiento. Llamo la atención sobre el hecho de que ha aumentado notablemente el número de mujeres presas que cumplen además, condenas largas, muchas con hijos y, a veces, con poca participación en los trabajos y las actividades educativas generales en los centros. La cárcel es el último instrumento que tiene la sociedad para defenderse. Pero no es el único. Además de su sentido represivo, debe haber un principio de reinserción, que es un valor constitucional. En cuanto al paro, es cierto que es una llaga, preocupación de toda la sociedad. El paro genera pobreza y la pobreza, marginación y exclusión. Observemos la situación de los emigrantes, las zonas rurales o la marginación de las grandes ciudades. Todo ello exige unas respuestas muy imaginativas, y, como creo en la imaginación de las mujeres, hay que darles la oportunidad para que estas propuestas puedan hacerse realidad.

Cuatro mujeres en el Gobierno.

- En este país, ¿puede una mujer ser el presidente del Gobierno o Jefe del Estado?
- Evidentemente, sí. En este país o en cualquiera. Es verdad que, en España, tenemos una Monarquía Parlamentaria. El titular de la jefatura del Estado es el Rey. Nuestra Constitución establece, además, específicas disposiciones de derecho sucesorio y un Príncipe heredero.

- ¿Y es justo eso de dejar a las princesas para las grandes bodas, pero no para heredar el trono?

- Lo que es justo es que tengamos el mejor jefe de Estado y desde luego, lo que merece la Corona es todo el respeto y el afecto de los españoles. Cuando me han preguntado quién es el mejor Defensor del Pueblo, siempre he contestado, como el alcalde de Zalamera, que el mejor alcalde, el Rey.

- Pero sigue sin contestarme a la pregunta.

- Puedo contestar desde diversos aspectos técnicos, jurídicos o históricos. El orden de sucesión en la Corona ya venía regulado en la Partida Segunda y en toda la legislación constitucional del siglo pasado que la desarrolla y completa. El artículo 57 de la Constitución no ha alterado una razón de dinastía histórica... Pero, dejemos la Corona... ¿Por qué no hablamos del Gobierno en el que tenemos ya cuatro mujeres ministras.

- ¿Cree que son suficientes?

- No es cuestión de suficiencia sino de capacidad. Las cuatro son muy buenas profesionales. Pero lo que yo deseo es una mujer en el Tribunal Supremo. Y llegará, evidentemente. Hasta 1967, no se produjo el acceso por primera vez de una mujer a la carrera judicial porque les estaba prohibido. De entonces para acá ha llovido mucho. Hoy en día, las mujeres jueces son mayoría. No obstante, el hecho de que, para ser magistrado del Tribunal Supremo, se exija un determinado número de años, ha condicionado que, hasta la fecha, no tuvieran las condiciones para ser elegidas. No es ésta la situación actual. Ahora ya hay una gran cantera de excelentes magistradas que merecen la consideración de este Consejo.

- De todas formas, ¿cuántos años o siglos cree usted que pueden pasar antes de que una mujer sea en nuestro país presidente del Gobierno?

- Eso depende de las urnas. En un encuentro que tuve con expertas y diputadas francesas en la Asamblea Nacional gala, las mujeres de Europa se quedaban asombradas del salto cualitativo y cantitativo que hemos dado y del avance espectacular de las mujeres españolas. Para eso, hay que destacar los cambios sobre la situación de la mujer en España. ¿Que pueden pasar siglos antes de elegir a una jefa de Gobierno? Depende de los partidos políticos y de la voluntad electoral. En lo que puedo decidir, mi competencia es la carrera judicial e insisto en que este Consejo tiene como reto el que, en su mandato de tres años, elijamos la o las primeras magistradas para formar parte del Tribunal Supremo.

Acunada por la Balanguera.

- ¿Habla usted el mallorquín?

- A mí me acunaron con la Balanguera cuando era pequeña. Lo entiendo perfectamente, pero lo hablo mal porque tengo poca práctica. Casi diría que lo asesino, hablando, pero no puedo dejar de hacerlo cuando estoy en mi tierra. Me costaría poco ponerme al día.

- Y le gusta volver a la isla de vez en cuando.

- De corazón nunca me he ido, y la realidad es que siempre vuelvo. Mis raíces están en las Baleares. Es como los versos de Kavafis, un viaje a Ítaca a través del Mediterráneo, mar de culturas que une más que desune. No sé si el viaje será corto o largo. Pero para mí ha sido y es apasionante. La experiencia de mi vida, intensa y yo diría que privilegiada. Cuando vuelva a Ítaca, que es mi destino, habré dejado muchas cosas por el camino. Pero me reconocerán, porque este barco, mi vida, tienen bandera y denominación isleña y dirán lo mismo que cuando me nombraron mallorquina del año: Es nostra... En todo caso, cuando vuelva, me iré a Ca'n Joan de S'Aigo a tomarme unas ensaimadas.

- ¿En dónde le gustaría ser enterrada o incinerada?

- Nunca estaré preparada para morirme. Pero, en el pequeño cementerio de Génova están mis familiares más queridos. Como mi voluntad es que me incineren, que los que me quieren hagan con mis cenizas lo que crean oportuno. Seguro que ellos sabrán interpretar mis sentimientos.

Esta entrevista fue realizada en junio de 1998. En julio de 2001, Margarita Reuerto cesó como vocal del CGPJ, al cumplirse los cinco años de mandato, y se personó como acusación particular en la causa abierta en la presunta estafa cometida en la agencia de valores Gescartera, en la que había invertido la indemnización del seguro médico de su marido, quien muriera de alzheimer. A finales del 2002, abandona el Consejo General del Poder Judicial y acepta el cargo de Defensora del Paciente de la Comunidad de Madrid. El 3 de diciembre del 2005, muere, tras una larga enfermedad de cáncer.

Experta en Derechos Humanos, participó en numerosos congresos y seminarios en el marco de las Naciones Unidas, el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y la Conferencia Europea de Cooperación y Seguridad. Perteneció al Comité Español contra el Racismo y el Comité Nacional del 50 aniversario de la declaración de los Derechos Humanos, en representación del Consejo General del Poder Judicial. Además, poseía condecoraciones como la medalla de Oro de la Cruz Roja, por su labor en extranjería y asilo, y la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort.

También era vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer. Una enfermedad que conocía de cerca, ya que su marido falleció tras habérsela diagnosticado con sólo 56 años. Ello le llevó a publicar el libro "Mi vida junto a un enfermo de Alzheimer". En esta obra compartía sus vivencias, los conocimientos que la práctica y otras personas le habían enseñado y los problemas éticos que se le plantearan como cuidadora.

Autora de numerosos estudios y artículos especializados sobre Derecho Administrativo, Internacional, Derechos Humanos, Derecho Comunitario, etcétera, impartió cursos de postgrado en distintas instituciones académicas. Poseía también diversas condecoraciones. Madre de tres hijos, fue nombrada la primera Defensora del Paciente de la Comunidad de Madrid el 7 de noviembre de 2002.

Fue miembro de diversas fundaciones: Aequitas, Fundación Directa, Associación Florència, FEDEPE (Federació Espanyola de Dones Empresàries, Executives i Emprenedores), Fundació Maria Wolf (dedicada a la enfermedad de l’Alzheimer), Associació Espanyola de Dones Advocades i EWLA (European Women Lawyers Association). El 2006 recibió a título póstumo el Premio Ramón Llull.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Inés Picornell Darder. Maestra y neuróloga.



Inés Picornell Darder nace en Esporlas, un día de marzo del siglo pasado, el mismo que Felipe González. Es hija de un farmacéutico y tiene siete hermanos. Cursa primeros estudios en Magisterio que acaba con premio extraordinario. Pero ella quiere ser médico. Eran los años sesenta, tiempo en que se permitía a los varones salir fuera de la isla para cursar alguna carrera, pero no a las hembras, que debían estar más protegidas y no hacer esas locuras. Pero si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Y su padre vende su farmacia para ir a Madrid, en donde sus ocho hijos estudiarán. Sólo al trasladarse allí se le permite estudiar medicina. En 1971, se licencia con premio extraordinario. Y se convierte en una neuróloga de cierto prestigio. Es Presidente de Honor de la Sección Española de Neurofisiología Clínica y Presidente de la Comisión Nacional. Durante 17 años preside la Secretaría General del Consejo Nacional de Especialidades Médicas. En el año 1986, dirige por seis años la Revista Española de Epilepsia. Y, desde 2001, año que la entrevistamos, preside la Liga Española contra el Cáncer y la Liga Española contra la Epilepsia (LECE).

- ¿Por qué se fue de Mallorca?

- Mis padres decidieron salir de la isla para que todos pudiéramos estudiar una carrera, cosa que allí era imposible. Era la única posibilidad de dar estudios a todos mis hermanos. Y, en 1965, nos vinimos a Madrid, sin un trabajo ni un puesto fijo. Menos mal que, como farmacéutico que era, mi padre tuvo enseguida la posibilidad de abrir una farmacia.

- ¿Cómo era la isla cuando la dejó, comparada con la de hoy?

- Muy diferente, aunque hay cosas que no han cambiado. Yo creo que Mallorca debe ser el único sitio del Mundo que ha convertido a los turistas en un ghetto. La isla contaba con muchos turistas, pero eran recibidos aparte. Con unas ideas mucho más abiertas, renovadoras y libertinas, los turistas que venían a la isla estaban aparcados en espacios dedicados a ellos, lo que permitió que no “contaminaran” a los mallorquines. Ello ha permitido conservar cosas, sobre todo en el medio rural. Hubiera podido ser la primera isla “contaminada” por el turista, pero no fue así. Y aunque, posteriormente, fue “invadida” por ellos, todavía hoy en día no se puede hablar de una mezcla total. El mallorquín, que es generoso hasta cierto punto, sigue siendo muy suyo, mantiene ciertas barreras y establece una diferencia entre él y los turistas que le visitan.

- ¿Y sigue conservando su propia personalidad?

- Así es. Tiene la apariencia de no importarle mucho las cosas. Es una persona discreta que no necesita protagonizar ni programar nada. Su lema es “ja eu vorem”. Nunca dice “no”, sino “ya veremos”. Algo que puede ser “sí”, pero que posiblemente sea un “no”. Y no quiere comprometerse ni atarse a nada sin haberlo pensado bien. En cuanto a la mujer es especial: el único monumento levantado en el Mundo a la mujer está en Sa Pobla. La mallorquina es muy fuerte.

- Una vez terminada su carrera de medicina ¿en qué se especializó?

- En Neurofisiología, en el Clínico. Hice la tesis doctoral sobre este tema. Luego, conseguí una beca para ampliar estudios de epilepsia, en Marsella, con Henry Gastaud, y regresé a Madrid en donde hice unas oposiciones para entrar en la Paz, de médico adjunto en Neurofisiología.

Pionera en medicina.

- A lo largo de su amplia experiencia usted ha recorrido varios cargos de importancia dentro de su especialidad. En algunos, fue la primera mujer que los ocupó.

- En efecto, fui dos veces presidente de la Sociedad Española de Neurofisiología Clínica y ahora presidente de honor. Y lo fui porque la mayoría de los que me votaron, que eran hombres, me eligieron a mí. Tengo una muy buena relación con la gente. Soy muy buena relaciones públicas.

- Fue presidente de la Comisión Nacional de Neurofisiología Clínica

- Además de secretario general del Consejo Nacional de Especialidades Médicas

- Observo que no le gusta el nombre de “secretaria” aplicado a la mujer.

- Secretaria es la persona que sabe los secretos del jefe. Mientras que mi papel es fedatario del consejo. Soy la que da fe de lo que pasa en él. Tampoco soy partidaria de separar la palabra juez y jueza. Me parece ridículo. Para mí juez o médico son profesiones y me da igual que las ejerza un hombre o una mujer. Son cargos y éstos, para mí, no tienen sexo. Como el de presidente. Cuando uno dice presidenta se refiere a la mujer del presidente. No a la mujer que ocupa el cargo de presidente. Es una obsesión feminista.

- Y usted no es feminista. ¿O sí lo es?

- La vida no me ha obligado a ello.

- ¿Algún otro cargo a lo largo de su vida de médico?

- Durante mucho tiempo, he sido delegado internacional de la Liga Española contra la Epilepsia. Ahora, soy Presidenta y secretario General del Consejo Nacional de Especialidad Médica cargo al que nunca llegó una mujer, hasta el momento.

- Observo que la mujer ha irrumpido en la medicina de una forma importante.

- Así es. Los hombres no nos han puesto demasiadas barreras a la hora de trabajar en equipo. De todas formas, hoy, en casi todas las carreras, excepto en la de ingeniería, ya hay más mujeres que hombres. Pero luego encontramos que los puestos de poder no están ocupados por ellas. Como dice un amigo mío: las números uno son las mujeres, pero ¿dónde están? ¿Qué hacen? Tampoco en la política hay demasiadas. Y es que el enfoque de la vida de la mujer es distinto al del hombre. El más tonto de los hombres puede ser jefe y nadie lo discute. Mientras que una mujer ya puede ser lista y hacer las cosas bien, que muy difícilmente llega a jefa. A nosotras se nos exige muchísimo más que a los hombres.

Especialista en sueños

- ¿Es usted especialista en interpretación de sueños?

- Más bien en valoración del sueño. Yo no interpreto los sueños, que están en un terreno totalmente elucubrador.

- ¿Tiene el español más sueño que otras gentes? ¿Duerme como los demás?

- Hay un gran porcentaje de población española que duerme bien pero también es verdad que hay un alto porcentaje con patología de sueño. No puedo compararlos con otras nacionalidades. Lo que sí es cierto es que nosotros trasnochamos más que los ciudadanos de otros países y nos levantamos no demasiado tarde. Quizás hay un hábito de hacer la siesta que otros países no tienen. Pero el español tiene más perspectivas de vida que otras nacionalidades. Luego, debemos de dormir muy bien.
- ¿Tiene el español a sueños fantasiosos?

- El español, como todos. El soñar es bueno. Es el descanso de la mente.

- A qué se deben los sueños de placidez, de miedo, de pánico, en los que terminamos gritando y despertando a todo quisque.

- Algunas veces los terrores y las pesadillas pueden significar algún trastorno psicológico en adultos. Pero son trastornos del sueño. Conocemos mucho del sueño, no de los sueños. Sabemos por qué se despierta uno, si es que deja de respirar, si es que mueve las piernas, etcétera. El no poder dormir es muchas veces un síntoma de una enfermedad.

- ¿Por qué roncamos cuando dormimos?

- Una gran mayoría de adultos roncan por una atonía de los músculos al estar tumbados. El canal respiratorio parece que disminuye un poco y, al salir el aire, produce ese ruido. De manera que hay ronquidos sin ningún significado patológico.

- El sueño, por lo visto, le apasiona. ¿Leyó La vida es sueño?

- De Calderón de la Barca? Hace mucho. Pero me gustaba más la representación. Hay obras que disfruto, al leerlas. Pero esta no. Se me hace más atractiva el verla sobre el escenario. Realmente, la vida es un sueño. Piense que un señor de 75 años se ha pasado 25 de su vida durmiendo. Una tercera parte. Una persona dura más sin comer que sin dormir. Y, gracias a la neurofisiología, se ha podido abordar el sueño.

Algún día regresaré definitivamente a Mallorca.

- ¿Disfruta usted tanto trabajando como descansando?

- A mí me gusta todo. Como persona muy activa, me gusta hacer siempre cosas.

- ¿Y qué hace cuando está de vacaciones?

- Me dedico a la familia y a los amigos, en general. Voy a la playa, de paseo, a recoger la fruta del jardín: manzanas, peras, melones, sandías... Es un poco una fiesta.

- ¿Y en las horas de ocio?

- Me gusta mucho el teatro y el ballet. A mí la música me gusta sobre todo con movimiento. Hago deporte como gimnasia, baloncesto... En mi juventud, fui jugadora de baloncesto. Y me gustaba mucho el ballet. Ahora, ya no tengo tiempo de todo eso. Me gusta el campo, el pueblo, pero también la ciudad.

- ¿Es soltera porque no ha tenido más remedio o porque le ha dado la gana?

- Porque no he encontrado mi “príncipe azul”... Ja, ja, ja... Es verdad. Y me gustaría encontrarlo.

- No hay que perder nunca las esperanzas.

- Como secretaria del Consejo Nacional de Especialidades Médicas, destaco un poco por el sexo y por la edad. Quiero decir que la mayoría son varones y de más edad. Un día, sorprendida en un atasco, llegué tarde a una reunión. Al entrar, me di cuenta de que todo eran mujeres que me habían estado esperando. Algo rarísimo. Una de ellas, mayor pero de muy buen aspecto, me espetó: “Oye, Inés ¿Tú eres soltera?”. Le contesté: “Sí, y no tengo a nadie que me quiera”. “Ay, Inés –me comentó–, no digas eso. El problema es que tú vales demasiado y ya es difícil encontrar a uno que esté a tu nivel”. “Qué cosa más bonita me has dicho, Matilde”, le contesté. Luego, me di cuenta de que todas éramos solteras, incluso ella. Pero había una, pequeñita y un poco arrugadita que parecía la vieja del grupo. “La verdad –dijo ella en un tono lastimero y casi disculpándose–, es que yo estoy casada y soy muy feliz...”. El comentario me dio una risa que no podía parar.

- ¿Piensa volver un día definitivamente a la isla?

- He tenido alguna opción de volver, pero todavía no lo he hecho. Tengo tantas cosas empezadas aquí, que siempre postergo mi regreso. Pero llegará el momento en que vaya allá.

- ¿En dónde le gustaría morirse: en su isla o fuera de ella?

- A mí ni me gusta ni me gustaría morirme. Pero no sé cómo hacerlo. En todo caso, preferiría que me enterraran en Mallorca, claro.

- ¿Y no quiere que la incineren?

- No. Es como si ya no existiera nada de ti.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Miguel Tugores Rull. Ex aparejador, ex responsable de la Oficina Técnica de RTVE. Director de la Galería de Arte Dionis Benassar



Miguel Tugores es un mallorquín que ha nacido dos veces: la primera, el 1 de diciembre de 1944, en Port de Pollensa, en donde pasa su infancia entre pescadores, como su padre, y entre payesas, como su madre; la segunda, 34 años más tarde, en Madrid, al llegar en un “Seat 600” lleno de libros, con un niño detrás y la mujer delante, sujetando en su mano una maceta de un helecho. Ingresa en RTVE como aparejador y crea su Galería de Arte Dionis Bennasar. Tugores trabaja allí como responsable de la Oficina Técnica de Televisión, contribuyendo al levantamiento de la torre apodada “El Pirulí” y promociona su galería como centro de manifestaciones artísticas y literarias. En ella, conocida como “Consulado de Pollensa en Madrid”, artistas mallorquines y peninsulares exponen a menudo sus obras y se convierte en un punto de encuentro para isleños en la capital de España. Madrid. En el fondo de su ser, Tugores, desde Madrid, se siente mallorquín e isleño en tierra seca y recuerda su infancia, salpicada de salitre y de los temporales cuyas olas llegaban hasta la puerta de su casa.

- ¿Cómo vivió su pubertad y adolescencia?

- Junto al mar, en el Port de Pollensa. Y está teñida de ciertos colores pictóricos. Mis padres eran analfabetos y, a los 20 años, me di cuenta de que también yo, como otros amigos, podía estudiar. En un año, curso quinto, sexto y reválida y, a los 21, salgo de la isla para estudiar, en Sevilla, la carrera de aparejador, en donde paso hambre, frío y toda clase de aventuras. Terminé en Barcelona, en donde trabajé, durante tres años, con el arquitecto Emilio Donato, con el que aprendí lo que sé de arquitectura. Me gané la vida haciendo, primero, de delineante; luego, de delineante proyectista, y terminé de aparejador con innumerables proyectos. No puedo negar que me gusta el diseño y la creación.

“Abandoné Mallorca por mi bronquitis”

- Sus años en Mallorca terminan pronto. ¿Por qué la abandonó?

- Tenía serios problemas de alergia y bronquitis asmática debido a los ácaros, unos bichitos microscópicos que me producen unas reacciones que pueden llegar a ser mortales, sobre todo en climas cálidos y húmedos. Hasta que un médico de Son Dureta me recomendó desplazarme a Madrid en donde viviría mejor. Yo era todavía joven y valiente y me vine aquí.

- ¿Y empezó de nuevo su vida?

- No me curé, porque si vuelvo a Mallorca me puede volver la crisis. Pero mejoré muchísimo. Y pude llevar vida normal y hasta hacer un poco de esfuerzo, cosa que en la isla no podía. Pero, la verdad es que pasé los dos primeros años con bastantes dificultades materiales. En Castilla, yo era un extranjero que no tenía nada que ver con el lugar en donde vivía ni por la lengua que hablaba, ni por la cultura que me había amamantado. Pero continué con los recuerdos y palabras que hacían referencia al mundo del mar de marineros y payeses de mi infancia.

- Políticamente ¿también tuvo crisis asmática? Porque, en Mallorca formaba parte de un partido político izquierdista.

- Siempre he tenido una idea de progreso y de justicia social. Creo que el mundo debe ir mejor, con utopías en el horizonte. Es más, soy una de las personas que no se frustró al esperar más de la democracia. Yo quería un socialismo entendido como una sociedad justa y, en este sentido, no sufrí ninguna crisis política, ni me sentí frustrado. Creo que está pendiente un mundo mejor y sigo contribuyendo con mis votos y mis posibilidades. Otra cosa es la militancia. Al llegar la democracia, no me tentó el vivir de la política, sino que traté de buscar una manera de vivir como aparejador.

- Y es en Madrid, en donde encuentra un trabajo estable.

- En efecto, tras unas oposiciones, entré en RTVE, en donde, a los dos años, pasé al interiorismo, diseño y proyectos de decoración. Luego, fui el responsable de la Oficina Técnica que hace proyectos de interiorismo del ente público RTVE.

- Su primer trabajo en Madrid fue el Pirulí, la Torre de Comunicaciones para los mundiales del año 82.

- Formaba parte de este equipo. Fui uno de los cuatro aparejadores que levantamos el Pirulí, que no es más que una ensaimada con un palo levantado en medio. Tiene una base de 28 metros de diámetro, una altura de 220 y 2,5 de canto en la parte más delgada. Pusimos, en ella, cinco mil toneladas de hormigón. El resto es una torre metálica, con una primera plataforma, a los 118 metros, desde donde se ven los coches como cajetillas de tabaco. Fue mi primera experiencia profesional.

- Corrían ciertos rumores por Madrid de que esta torre tenía cierta inclinación que amenazaba seriamente su seguridad.

- Nunca tuve constancia de ello ni me consta este peligro. Tiene las vibraciones propias de una torre muy alta

Dionís, el consulado de Pollensa en Madrid.

- Evidentemente, y por los lugares en donde se mueve, tiene usted una vena de marchante de arte. Pero, siga. Le escuchamos.

- En Madrid, compro un local. Dionís Bennassar era la negación de una galería de arte. Y lo convertí en un local moderno en el que se puede visitar la casa de un coleccionista. Es como el consulado de Pollensa en Madrid. Abajo hay una exposición que cambia cada mes. Esto es un espacio y un punto de encuentro en donde se gestiona un hotel para unos mallorquines que están de paso, un médico, o se les aconseja cómo moverse por Madrid. Al principio, solía decir que me comprometía a llevar a cualquier isleño desconocido hasta al aeropuerto, con tal de hablar un poco en mallorquín con él.

- ¿Cómo nació esta galería?

- Tras varios años en Madrid, no estaba satisfecho de cómo me iba haciendo castellano y dejaba de ser mallorquín. Cada vez tenía menos contacto con mi lengua nativa y mi cultura de las islas. Así que, cuando salió la posibilidad de crear esta galería, me sentí de nuevo mallorquín en activo y un madrileño ligado al mundo de la cultura madrileña. Ahora practico el mallorquín y hablo telefónicamente con Mallorca prácticamente todos los días del año. O sea que, en Madrid, sigo teniendo mi cordón umbilical unido a Mallorca a través del arte plástico: escultores y pintores.

- ¿Y recibe visitas de mallorquines?

Sólo algunos de ellos. Tampoco hay demasiados. En el Hogar Balear son unos cuatrocientos. Pero no son como los catalanes, que llegan a más de 350.000, están censados en Madrid y cuentan con su propia asociación. Aquí hacemos siempre las recepciones o las fiestas de inauguración con productos de las islas: sobrasada, una copita de hierbas, palo... Un setenta por ciento de exposiciones que organizamos son de artistas de las islas o que viven en ella. Y tienen aceptación, aunque los primeros años comencé de cero porque no los conocían. Hoy, ya hay artistas isleños que cuentan con su mercado en Madrid. Toni Dionís, por ejemplo, un pintor pollensino, habrá vendido ochenta o noventa cuadros a madrileños.

- Luego deja usted su trabajo en Televisión Española y se dedica al arte más a fondo.

- Me prejubilé, en efecto, gracias a lo cual he podido montar la ferias de Arte de Galerías Españolas. En la IV edición, celebrada en el Palacio de Congresos de Madrid se presentaron obras de medio millar de artistas jóvenes, veteranos y militantes de las vanguardias históricas, a través de cuarenta galerías. Uno centenar de ellos representaban a las Baleares, el mayor contingente de creadores que llegaban a Madrid al mismo tiempo para disputarse el mercado.

“El arte es la segunda mayor fuente de ingresos de Mallorca”.

- ¿Cree que las galerías de arte mallorquinas superan, proporcionalmente hablando, las de Madrid o las de otras ciudades españolas?

- Mallorca tiene posiblemente un número mayor de artistas y de salas de arte que en cualquier lugar del mundo. Yo hice un estudio según el cual Pollensa cuenta con diez galerías de arte privadas y tres o cuatro salas culturales, además de tener a más de doscientas personas que pintan. Todo eso, en una ciudad que contaba con una población de diez mil habitantes. Si en el año 1988, en Nueva York, con 20 millones de habitantes, había 25.000 artistas plásticos censados, en Pollensa, con una población de 10.000, había 200. Es decir que en este pueblo mallorquín había más artista por persona (un 2 por ciento) que en Nueva York (un 1,5 por ciento). Y, seguramente, no hay ningún pueblo del Mundo con más salas de arte y más artista por habitante que Pollensa o Mallorca por extensión. Igualmente, hace unos años, leí una noticia espectacular que me gustaría contrastar, según la cual la principal fuente de ingresos de la isla después del turismo era el arte.

- ¿Vuelve usted habitualmente a Mallorca?

- Voy un par de veces cada año. De lo contrario, me moriría. Es algo que necesito repetir de vez en cuando. Lo primero y lo último que hago, al desplazarme a la isla, es salir a ver el mar, la Abadía, el Cavall Bernat, el Faro de Formentor. Suelo ponerme en el coche música de María del Mar Bonet, de Raimon o de voces catalanas o mallorquinas.

- Entre morir en Mallorca y vivir en Madrid parece que lo tiene claro.

- Lo que toca, en este caso, es vivir en Madrid. Reconozco que aquí soy un mallorquín perdido. Porque un mallorquín, siempre que está fuera de Mallorca, se siente perdido, por muchos años que viva fuera de la isla. Y lo peor es que ni soy madrileño en el pleno sentido, ni soy mallorquín. Para ser de un lugar has de haber nacido y sido criado en el mismo sitio. Porque lo que más te marca son los primeros veinte años de tu vida. Yo me siento sobre todo pollencí, y luego un habitante del Mundo. Porque la solidez te la da la tierra en donde te has criado. Por eso digo que soy un mallorquín que sobrevivo en Madrid. Porque vivir es sobrevivir. Y, mi cabeza está más en mis identidades que vienen de atrás.

- ¿En dónde le gustaría que le enterraran?

- Quisiera que tirasen mis cenizas por el precipicio de El Cabo Formentor.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Miguel Francisco Oliver Roca, ex Director de Sa Nostra en Madrid.



Hijo de un funcionario de aviación, Miguel F. Oliver nace el 8 de febrero de 1950, en Palma de Mallorca. Cuenta con cuatro hermanos más. Su infancia se desarrolla en un ambiente muy agradable y campechano. “Un ambiente en el que no había maledicencias –advierte como si el mundo estuviera apestado por las mismas–. Nos conformábamos con muy poco y recuerdo una infancia muy feliz”. Estudia el bachillerato en el colegio La Salle. Luego, en la Escuela de Comercio en donde cursa Profesorado Mercantil con una beca de la Cámara de Comercio. Pasa a la Universidad, en el primer ciclo de Ciencias Empresariales y se hace auditor de cuentas. Se inscribe en el Registro Oficial del Roac y sigue unos cursos de postgraduado con el IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa), en Barcelona, y otro de Master en Finanzas, en la Universidad de Deusto, patrocinado por la Confederación Española de las Cajas de Ahorros. Es corresponsal de la CCB (Cámara de Comercio Británica) en España. Le entrevistamos, en el 2001, en la misma sede de la Caja de Baleares en Madrid, en la que ejerció de director de zona de la Península y Canarias. Diez años más tarde, Miguel F. Oliver se jubilaba.

- ¿Era usted buen estudiante, en el bachillerato?

- Yo diría que del montón. Ni bueno ni malo, dentro de una tonalidad intermedia.

- Terminados sus estudios, ¿en dónde hizo sus primeros trabajos?

- Tenía 23 años cuando entré en una entidad financiera en Baleares, en la que estuve hasta principios del 87. Ese año formé parte de un despacho de asesoramiento empresarial. Fue casi al mismo tiempo en que se me presentó la oportunidad de entrar en La Caja de Baleares, “Sa Nostra”, en Madrid. Necesitaban la cobertura de la dirección.

- ¿Conocía usted Madrid?

- Había estado algunas veces de viaje. Tengo familia que reside aquí. Y era una vieja aspiración que yo tenía. Siempre había pensado salir durante una época de Baleares porque no conocía otras cosas fuera del límite de las islas, en el sentido técnico y profesional.
Vivir en Madrid.

- ¿Cuentan ustedes con muchos clientes mallorquines en esta sucursal de “Sa Nostra”?

- En Madrid vive una colonia de mallorquines y, en el año 1984, se abrió esta sucursal. Llegué a ella, como le he dicho, en 1987. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las entidades financieras españolas tienen una oficina como mínimo abierta en Madrid, al ser importante la dependencia de esta capital, sobre todo de cara al Banco de España, a la Confederación Española de las Cajas de Ahorro, a los intermediarios financieros, a la Bolsa, etcétera. La finalidad de esta oficina, al instalarse aquí, fue establecer un poco la conexión que había con empresas de Madrid que estaban operando en Baleares y viceversa, las de las Baleares que estaban operando en Madrid. Se trataba de establecer la canalización de estos recursos. Sin olvidar, por supuesto, una tercera justificación: la de dar servicios a la colonia mallorquina que vive en esta capital. Aparte, estamos atendiendo casi a diario a gente de Baleares que viene a Madrid por cuestiones laborales, profesionales o turísticas.

- ¿Conoce usted personalmente a todos sus clientes?

- Conozco a bastante gente. Tenga en cuenta que el trato que reciben es muy personal y, lógicamente, tenemos una relación bastante estrecha con ellos.

- ¿Cómo es el isleño que vive en Madrid?

- Yo creo que, inicialmente, ha sido un aventurero, y una persona que, lógicamente, ha aspirado a algo más que a quedarse en las mismas islas. Los que están asentados desde hace muchos años tienen sus despachos profesionales o sus negocios. Hay otros que están en plan provisional, como empleados de multinacionales, de alguna empresa pública, etcétera, que vienen destinados por unos años, volviendo luego a la isla. En general, yo creo que el isleño es gente muy despierta, muy aventurera, que sabe lo que se lleva entre manos.

- ¿Cómo se ven las islas desde Madrid?

- Trabajar en Madrid es muy enriquecedor. Eso te da, evidentemente, otra mentalidad. Madrid da una visión mucho más amplia. Evidentemente, estando fuera de las islas, sabes y conoces algo más. La perspectiva es mucho más amplia. Las Baleares son islas que tienen una calidad de vida enorme, muy superior, yo diría, a Madrid. Pero el trabajar aquí puede aventajar en cierta manera en el plano técnico y profesional.

- Dicen que Baleares es una de las provincias con mayor número de bancos y de cajas de ahorros. ¿A qué se debe esto?

- A la creciente actividad económica que hay, motivada fundamentalmente por el sector turístico. Baleares, en este sentido, se ha ido desarrollando cada vez más. La inversión extranjera acude con mayor intensidad. Y, evidentemente, esto crea un valor añadido importante.

- También se dice que es una de las provincias en las que se lee menos. En donde hay mayor número de analfabetos o iletrados. ¿Eso es bueno o malo para los banqueros?

- ¿Quiénes leen menos: los banqueros o la gente de Baleares?

- La gente de Baleares. Posiblemente por esta gran actividad económica, la gente esté más ocupada en su quehacer diario y profesional y no tenga tiempo de leer. Pero yo creo que la lectura no se debe abandonar nunca. Es algo que nos sirve para ilustrarnos inicialmente y sobre todo para ensanchar los conocimientos que tenemos fuera de los límites de nuestras islas. No obstante, quiero manifestarle que la gente está cada día más avezada en los temas económicos, debido a la información que dispone a través de las entidades financieras y de los medios de comunicación.

- ¿Cree usted que el leer y el cultivarse contribuye a que los bancos ganen más?

- El leer y cultivarse nos ayuda a todos. Ahora bien, yo no entro en el tema de si en Baleares se lee mucho o poco. Lo que sí opino es que la gente debe ilustrarse, enriquecerse y ampliar sus conocimientos en el plan profesional porque cada día hay más competencia. Y en el cultural porque tenemos que ampliar nuestra cultura.

- ¿Qué han hecho los Bancos y las Cajas para mantener el nivel cultural tan escaso que parece haber en Baleares?

- Ignoro lo que los Bancos han hecho. Pero yo creo que las Cajas contribuyen, a través de nuestra obra social, a elevar ese nivel cultural y asistencial. Nosotros, en el 98, dedicamos 1.200 millones de pesetas a nuestra obra social que incluye un abanico extensísimo de todo tipo de actividades culturales y asistenciales. En eso, “Sa Nostra” contribuye anualmente de una manera más intensa. Piense que, cuando yo llegué aquí, en el año 87, el presupuesto de la obra social y cultural de “Sa Nostra” no creo que llegase a cuatrocientos millones de pesetas. O sea que, en unos diez años, se ha más que triplicado.

- Me pregunto si existen los que siguen desconfiando de los Bancos en general –Cajas y Bancos– y prefieren no ingresar su dinero en ellos, sino guardarlo en su casa.

- La gente está cada vez más implicada en las entidades financieras. Vienen a diario para obtener asesoramiento y para recolocar sus fondos a fin de sacarles el máximo rendimiento. No creo que la gente guarde el dinero en su casa. En todo caso, puede haber algunas excepciones que apenas cuentan. Los ingresos de la gente están cada vez más canalizados a través de las entidades financieras.

- ¿Continuará usted en su puesto madrileño o piensa volver algún día a la isla?

- Aquí llegué sin vencimiento y sigo. Lógicamente, estoy a expensas de lo que diga mi empresa y no me he puesto ninguna fecha de retorno. Pero, supongo que algún día volveré allí.

- ¿Es usted soltero o casado?

- Casado y con cuatro hijos. El mayor ha terminado la carrera de Ciencias de la Información. Dos chicas que han hecho Dirección y Administración de Empresas y el menor. Mi mujer es de Barcelona, pero ha vivido casi toda su vida en Madrid.

- ¿Alguno de sus hijos piensa seguir sus pasos en la banca?

- De momento no hay ninguno que se haya manifestado en este sentido. Yo estoy para aconsejarles pero tampoco quiero influir en nada.

- ¿Hablan ustedes en catalán en su casa?

- Normalmente, lo hacemos en castellano.

- ¿Y acuden en los veranos a la isla?

- Cada verano y alguna vez en Semana Santa. Allí tenemos una casa. El contacto con Mallorca es permanente y no lo vamos a perder nunca.

- ¿Qué le falta especialmente a Mallorca?

- Lo mismo que le falta al resto del país, una industria consolidada. Depende exclusivamente del sector servicios y está pendiente de si el sol la acompaña o no. Pero, poco a poco, se da cuenta de que tiene que ampliarse hacia otras esferas, aunque sean derivadas de la fuente inicial, y hacia otro tipo de industrias para ir consolidándose y no depender sólo del monocultivo del turismo.

- Si algún día llega a jubilarse, ¿Volverá usted a la isla?

- Eso espero. O al menos pasaré temporadas allí.

- ¿Alguna vez se ha preocupado de su muerte?

- En alguna ocasión he pensado en ella, pero, evidentemente, no es un tema que en este momento me preocupe demasiado.

Bernardo Obrador Vidal. Jefe de la sección de Pilotos del Sepla.



Nace encima de la Sala Augusta, en la Plaza de España de Palma de Mallorca, el 5 de diciembre de 1952. Su padre es médico, especialista de pulmón y corazón e hijo a su vez de médico. Desde muy joven siente pasión por volar y, desde los 23 años, lo hace como piloto de Iberia. En el momento de entrevistarlo, en 1998, además de ser Comandante de un Airbús A 320, es Jefe de la Sección Sindical de los Pilotos de Iberia en el Sepla (Sindicato Español de Pilotos Líneas Aéreas), puesto al que accede, en diciembre de 1995, por sufragio entre los pilotos de Iberia y desde el que le toca defender las condiciones laborales y profesionales de los más de 1.300 compañeros en la Compañía. Luego, en diciembre del 2004, accederá de nuevo a ese cargo por tres años más.

Tiene más de 13.000 horas de vuelo y nunca se ha encontrado con un Ovni. Pero, cuando está en tierra firme, se ve obligado por su cargo a enfrentarse con frecuentes discusiones y polémicas, tiras y aflojas, guerras y pactos. “Uno es piloto –confiesa Bernardo Obrador–, no negociador, ni abogado, ni economista. Para enfrentarte en una mesa de negociación con gente que sí lo es y, además, dispone de infinidad de medios a su alcance, no tienes más remedio que dedicar muchísimas horas a las tareas sindicales. Ello implica, sin duda alguna, menor atención y tiempo para tu familia”.

- ¿Cómo recuerda su infancia?

- Fue un período muy feliz de mi vida en una Mallorca diferente a la actual. La recuerdo con multitud de amigos que disfrutábamos juntos de un entorno natural fantástico. Palma, en aquella época, no era la urbe que es ahora y aquello favorecía la relación con los demás y muy especialmente las primeras relaciones sociales con otros niños diferentes a los compañeros de colegio. Me eduqué en el parvulario de los Jardines de Infancia y, a los seis años, pasé al Colegio de Montesión de los Jesuitas.

- ¿Cómo era entonces la Mallorca de los cincuenta comparada con la de hoy?

- Completamente diferente. En los últimos treinta años, ha cambiado mucho y Palma ha crecido en todos los aspectos. Mallorca ha desarrollado grandes infraestructuras y ha incrementado no sólo su población, sino que también se ha vuelto más cosmopolita y ello ha supuesto una apertura evidente de mentalidad. En los últimos años, el turismo ha ejercido una influencia notable y, muy especialmente, aquellos no nacidos en Baleares que optan por tener aquí su primera residencia.

- ¿Disfrutó de su juventud?

- Mi juventud son recuerdos de amigos, de profesores, de veranos en la playa... Los mallorquines tenemos la gran suerte de tener una diversidad natural que nos permite disfrutar del mar, la fortuna de contemplar cómo rompen también las olas en los acantilados, cómo vienen y van los barcos, así como la de disfrutar de la montaña o de la tranquilidad de nuestros campos. Son, pues, recuerdos de naturaleza y de amigos, pero también de paseos por la Plaza de España o por el Borne, de las primeras películas de cine o de las primeras relaciones con chicas.

Volar, desde 1975.

- ¿Cómo fueron sus comienzos en la aviación?

- Desde niño, me fascinaban los aviones y me tentaba la idea de ser aviador. Fue después del bachillerato cuando envié una instancia y solicité el servicio militar como voluntario en el Ejército del Aire. Realicé mi formación inicial como piloto en el Aeroclub de Palma, con Francisco Javier Blasco, un capitán militar aviador de la Base de Son San Juan, al que recuerdo con gran aprecio y cariño, ya que fue él quien me instruyó en mis primeras horas de vuelo.

- En aquella época ¿era difícil hacerse piloto civil?

- Fuera de la carrera militar, no era sencillo, por lo que solicité al Ejército mi inscripción para ingresar en las promociones existentes para piloto de complemento, pero cambios en la estructura del ejército obligaron a cancelar las convocatorias. Intenté después una posibilidad adicional de difícil acceso para un muy reducido número de civiles que consistía en realizar un curso de vuelo sin visibilidad en Salamanca, junto con alumnos pilotos de la Academia General del Aire. Lamentablemente, la Subsecretaría de Aviación Civil comenzó por aquel entonces su tránsito de organismo militar a civil, con lo cual cancelaron también estos cursos. Como resultado de la dificultad de completar la formación en España, viajé a los Estados Unidos, donde, ya con menos inconvenientes, obtuve los títulos y calificaciones requeridas para ser piloto. A mi regreso a España, tras examinarme y convalidar aquellas asignaturas comunes, obtuve la titulación española necesaria para presentarme a la convocatoria e ingresar como Piloto en Iberia, en el año 1.975.

- ¿Recuerda alguna anécdota ocurrida en el aire desde sus comienzos?

- Ninguna a lo largo de mi formación, especialmente dura, período en el que se tienen días buenos y malos. Teníamos una ingente cantidad de pruebas y evaluaciones, tanto en tierra como en vuelo, a lo largo de más de un año. Durante este primer año que estuve en calidad de becario, los exámenes selectivos permanentes supusieron una criba muy dura de la cual guardo recuerdos y sentimientos encontrados. Pero anécdotas dignas de mención, realmente pocas y Ovnis y fenómenos de este tipo la verdad es que ninguno.

- ¿Y algún incidente digno de mención?

- A lo largo de la vida profesional, he tenido alguno. El más importante, a mi juicio, ocurrió en un vuelo de Menorca a Londres, en 1981 ó 1982, en un avión tipo DC9. Cuando estábamos a punto de despegar, se nos cruzó una bandada de gaviotas. Se pararon los motores y tuvimos que abortar el despegue, logrando frenar el avión pocos metros antes del final de la pista. Hoy en día, el problema de las aves en los aeropuertos está bastante controlado y no suponen el riesgo que entrañaba hace veinte años. Pero, aún así, no se puede olvidar el hecho de que las bandadas de pájaros son uno de los principales enemigos de los aviones

- ¿Algo que ocurre frecuentemente en los aeropuertos de Baleares o en todos?

- En todos los aeropuertos existen aves, pero en las islas más, especialmente bandadas de gaviotas y otras aves marinas. Pese a ser un problema, debemos considerar que, además de los medios de dispersión de aves tales como halcones adiestrados o dispositivos de detonación por gas, en los aviones, está previsto casi todo y se dispone de sistemas redundantes de seguridad para evitar problemas de cualquier tipo. Lo que está menos previsto es que un agente externo, como pueden ser pájaros, te pare los motores del avión.

Trece mil horas de vuelo.

- En esos 23 años de servicio, ¿cuántas horas lleva usted de vuelo?

- En estos momentos, alrededor de 13.000 en los diferentes tipos de aviones de los que dispone Iberia sobre Europa, África, Oriente Medio, ambas Américas, Europa y, por supuesto, España.

- ¿Qué motivos le movieron a presentarse a las elecciones como Delegado Sindical?

- Unos amigos míos, pilotos de la Compañía Iberia, consideraron que debíamos comprometernos de alguna manera en trabajar en defensa de los intereses de un colectivo al que llevábamos muchos años perteneciendo. En ese momento, creí que, si otros habían defendido mis intereses profesionales durante mis 20 años de piloto de Iberia, era mi obligación trabajar durante tres años para el colectivo. Considero que la etapa de trabajo sindical debería ser obligatoria a lo largo de la vida profesional del piloto. El luchar y defender a un colectivo es algo digno e importante amén de proporcionar una formación valiosísima en campos que el piloto, por su trabajo tan específico, no domina. Es otro hecho relevante al que este trabajo sindical se realiza de forma totalmente altruista, pero tiene una gran trascendencia, puesto que se lucha por la defensa de los puestos de trabajo, por fijar unas condiciones de trabajo dignas y, por supuesto, para que la compañía que nos ofrece ese puesto de trabajo compita en las mejores condiciones posibles dentro de un mercado tan difícil.

- ¿Qué objetivos tiene la Sección Sindical de Sepla en Iberia?

- Para nosotros es fundamental que la Compañía se consolide en el mercado y que garantice nuestro trabajo en las mejores condiciones. Si no existe empresa, no hay puestos de trabajo que defender. Por esto, las negociaciones reflejan un toma y daca. Por un lado, productividad y costes para que la empresa crezca y, por otro, fijar unas condiciones de trabajo lo más lógicas y humanas posibles. Las particularidades de nuestra profesión nos obligan a asumir responsabilidades legales y profesionales de vidas humanas, pero también de carga y aviones por valor de miles de millones en cada vuelo; y ello, además, supone el estar permanentemente alejados de casa con horarios difícilmente comprensibles. Nuestro esfuerzo sindical no se centra en las remuneraciones, sino en las condiciones laborales dignas y en la calidad de vida. Pero estas reivindicaciones nunca están en contra de favorecer una empresa fuerte que crezca entre sus competidores. Vuelvo a enfatizar que si nuestros costes y productividad no permiten que la empresa se desarrolle, nuestro trabajo sindical será en vano y estaremos defendiendo utopías.

- Últimamente se habla de privatización de la compañía. ¿Qué supondrá para Iberia?

- De momento, un gran cambio estructural y una necesidad de cambio en la forma de pensar tanto del equipo directivo como del resto de los trabajadores. Iberia y sus trabajadores deberán garantizar su supervivencia por sí mismos. En lo referente a los pilotos, tenemos nuestro ejemplo en lo realizado por nuestros compañeros de compañías privadas. American Airlines, British Airways o KLM, son compañías totalmente privadas que generan grandes beneficios. Hoy por hoy, nuestro coste está por debajo de ellos y nuestra productividad por encima. Los pilotos de Iberia fuimos los primeros de Europa y los terceros del mundo en productividad en el año 96, dentro del marco de las compañías dedicadas al tráfico aéreo regular. Desde 1.992, mantenemos congelación salarial aparte de una reducción salarial en el año 1994 que rondó el 22 por ciento. Esperamos que Iberia sea capaz de aprovechar esta circunstancia favorable para poder crecer y ser más competitiva. La forma de trabajar de un piloto es de permanente gestión del vuelo. Un avión es como una pequeña empresa gerenciada por el comandante y resto de la tripulación. Aún así, me reitero en la necesidad de cambio de mentalidad de algunos grupos que facilite el tránsito de empresa pública a empresa privada

"En Iberia no se viene a ganar dinero".

- La prensa ha comentado frecuentemente que lo que ganan los pilotos es bastante más que lo que ganan otros altos profesionales, lo que no puede ser, según ella, motivo de queja.

- El comparar el salario de un Ministro con lo que pueda ganar un peón albañil es algo demagógico, pese a que un trabajo sea tan respetable como el otro. Está claro que cualquier comparación deberá hacerse de forma homogénea. No debemos comparar peras con melones. En todo caso, puede haber un tipo de peras diferente a otro. Nuestros salarios están por debajo, con notable diferencia, de lo que ganan los pilotos de compañías europeas o americanas, por mucho que la prensa se obstine en mantener los datos falseados de la empresa. Esta es una burda estrategia que Iberia utiliza como arma de negociación y como medio de presión desde la opinión pública de cara a una negociación colectiva.

- ¿Se puede comparar su salario al de otras compañías privadas españolas?

- Por supuesto. Dentro de las diferentes remuneraciones que recibe un piloto, se hallan las horas de vuelo realizadas, el horario nocturno, el tipo de vuelo, si es de corto o largo recorrido, o la antigüedad del piloto en la compañía. Sin tener en cuenta todos estos parámetros, es absurdo el hacer comparaciones. Al tener Iberia 70 años de existencia, cuenta con una plantilla de pilotos con más de 30 años de antigüedad. Esto supone que, por ejemplo, un piloto de Air Europa con un máximo de 11años de antigüedad, no pueda cobrar lo mismo que el de Iberia. Cuando Air Europa o Spanair tengan plantillas con la misma antigüedad que la de Iberia, se podrá apreciar con rigor que ésta sigue teniendo pilotos con un salario muy competitivo. De lo contrario, es absurdo compararlos, ya que, entre otras cosas, esas compañías nombran comandantes a sus pilotos con poco más de dos años de experiencia en la línea aérea, mientras que en Iberia esto no ocurre nunca antes de los 12. Como se puede ver, multitud de factores hacen que las comparaciones no sean sobre datos homogéneos. En resumen: en Iberia hay estabilidad, lo que redunda en calidad de vida y planificación. Yo siempre he preferido la calidad de vida, incluso cobrando menos, porque sé a lo que tengo a qué atenerme. Dispongo de una programación estable, sé cuándo tengo vacaciones y cuándo mis días libres. Y, naturalmente, esto tiene un coste negativo.

- Usted parece estar más pendiente del teléfono y de sus problemas sindicales que de su familia.

- Este permanente ajetreo es coyuntural. Desde luego, mi vida privada, en el tiempo que llevo en el sindicato, ha sufrido un desgaste muy considerable. Me considero una persona muy familiar, a quien gusta mucho estar en casa, pero, en mi situación actual, hay semanas que no veo a mis hijos. No sólo porque esté volando lejos de aquí, sino porque estoy permanentemente en la oficina del sindicato o de reuniones con la Compañía u otros colectivos, siempre relacionado con la actividad sindical.

“Descanso más en el aire que en tierra”.

- ¿Desde cuándo está usted en el Sepla?

- Me incorporé como delegado sindical en diciembre de 1.996, justo tras una huelga en el mes de noviembre anterior que acabó en un proceso de mediación el 19 de febrero de 1.996. En aquel momento, logramos cerrar toda una etapa de inestabilidad con una negociación muy positiva para ambas partes. A partir de ese momento, creí que posiblemente había finalizado la negociación más importante de mi etapa como sindicalista, pero no fue así. Tras las elecciones generales de marzo del 96 y el cambio del Gobierno, se vivieron momentos de incertidumbre hasta el mes de junio. Desde la llegada del presidente Irala que venía con conceptos completamente diferentes a los acostumbrados y con un evidente desconocimiento de Iberia. En los primeros meses de su presidencia se generaron muchas tensiones, hubo provocaciones y enfrentamientos innecesarios, pero también muchas horas de negociación. A pesar de todo y durante el año 97, se llegó a muy importantes acuerdos tales como el de Programación conjunta Iberia Aviaco. En el año 98, los pilotos planteamos una posibilidad de huelga general que finalizó en la firma de unos acuerdos acerca de la protección de nuestros puestos de trabajo y buscamos una solución para la compañía Air Europa que se encontraba en una situación desesperada. Como he dicho anteriormente, los delegados sindicales somos pilotos, no negociadores profesionales, ni abogados; para poder enfrentarte en una mesa de negociación con gente que sí lo es, no ha quedado más remedio que dedicar muchísimas horas a preparar la negociación para garantizar una victoria. Esto, en resumen, significa no dedicar tiempo ni a la familia ni a los amigos.

- Hay sin duda trabajar en una sección sindical supone una carga especial.

- Pues sí. Las circunstancias actuales de trabajo en el sindicato y muy especialmente el haber sido elegido como Jefe de la Sección Sindical, me supuso una carga de trabajo que excedía con mucho a la que tenía anteriormente, siendo sólo comandante de Iberia. De hecho, cada vuelo que realizo, desde que desempeño labores sindicales, supone una liberación, ya que, de alguna manera, los problemas se quedan abajo y ello me produce un relajo apreciable de tensiones.

- ¿Y no resulta paradójico que usted descanse con su trabajo?

- Bueno, espero no ser malinterpretado. Considero el trabajo sindical como trabajo en tierra, cargado de tensiones, en una etapa complicada de transformación de una gran empresa pública en compañía aérea privada, con permanentes pactos y negociaciones y con manejo de información económico financiera y legal muy compleja. Mientras que el trabajo en vuelo es como una actividad hasta cierto punto rutinaria, pero perfectamente conocida debido a nuestro permanente entrenamiento. Desde este punto de vista le puedo asegurar que el día que vuelo, para mí supone una desconexión del trabajo en tierra y su consecuencia es un cierto relajo.

“Echo de menos el mar”

- ¿Siente usted añoranza por su tierra?

- Mi mujer y yo somos mallorquines e hijos de mallorquines, y nuestros familiares y amigos están también en la isla. Vivimos a gusto en Madrid pero porque no nos queda más remedio. Esperamos volver cuanto antes. Mallorca sigue siendo la referencia para toda la familia. El echar de menos nuestra tierra es algo natural. Antes, íbamos a menudo a la isla pero ahora estas responsabilidades sindicales nos lo impiden totalmente. También tenemos claro que nuestra estancia en Madrid es temporal y, cuando las circunstancias lo permitan, volveremos a residir en Mallorca

- ¿Con cuál de los países visitados se quedaría?

- Decididamente, con Mallorca. Echo de menos el mar al que siempre he sido muy aficionado. La isla, con sus costumbres y sus parajes naturales hacen de Mallorca mi lugar predilecto tanto de residencia como de vacación. Aunque los tópicos nos señalen a los mallorquines como de carácter cerrado y circunspecto, se quedan en eso, tópicos; algo así como el que todos los españoles somos toreros bajitos de pelo moreno y con bigote. Yo no cambiaría Mallorca por nada.

- ¿Cuándo piensa volver definitivamente?

- Siempre estoy esperando la posibilidad de volver y esto será definitivo en el momento que llegue mi jubilación.

- ¿Desearía, cuando muera, ser enterrado en la isla?

- Espero y confío. De todas formas, el tema de la muerte es muy complejo. Alguna vez he pensado en ello y no me importaría que me incinerasen en ella o que echasen mis cenizas al mar. Creo que hoy en día es mucho más lógico. Pero, si eso significa causar un trauma a alguien de mi familia porque piense que no se debe de hacer así, pues que hagan lo que quieran. Una vez que no esté...