jueves, 1 de septiembre de 2011

Miguel Francisco Oliver Roca, ex Director de Sa Nostra en Madrid.



Hijo de un funcionario de aviación, Miguel F. Oliver nace el 8 de febrero de 1950, en Palma de Mallorca. Cuenta con cuatro hermanos más. Su infancia se desarrolla en un ambiente muy agradable y campechano. “Un ambiente en el que no había maledicencias –advierte como si el mundo estuviera apestado por las mismas–. Nos conformábamos con muy poco y recuerdo una infancia muy feliz”. Estudia el bachillerato en el colegio La Salle. Luego, en la Escuela de Comercio en donde cursa Profesorado Mercantil con una beca de la Cámara de Comercio. Pasa a la Universidad, en el primer ciclo de Ciencias Empresariales y se hace auditor de cuentas. Se inscribe en el Registro Oficial del Roac y sigue unos cursos de postgraduado con el IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa), en Barcelona, y otro de Master en Finanzas, en la Universidad de Deusto, patrocinado por la Confederación Española de las Cajas de Ahorros. Es corresponsal de la CCB (Cámara de Comercio Británica) en España. Le entrevistamos, en el 2001, en la misma sede de la Caja de Baleares en Madrid, en la que ejerció de director de zona de la Península y Canarias. Diez años más tarde, Miguel F. Oliver se jubilaba.

- ¿Era usted buen estudiante, en el bachillerato?

- Yo diría que del montón. Ni bueno ni malo, dentro de una tonalidad intermedia.

- Terminados sus estudios, ¿en dónde hizo sus primeros trabajos?

- Tenía 23 años cuando entré en una entidad financiera en Baleares, en la que estuve hasta principios del 87. Ese año formé parte de un despacho de asesoramiento empresarial. Fue casi al mismo tiempo en que se me presentó la oportunidad de entrar en La Caja de Baleares, “Sa Nostra”, en Madrid. Necesitaban la cobertura de la dirección.

- ¿Conocía usted Madrid?

- Había estado algunas veces de viaje. Tengo familia que reside aquí. Y era una vieja aspiración que yo tenía. Siempre había pensado salir durante una época de Baleares porque no conocía otras cosas fuera del límite de las islas, en el sentido técnico y profesional.
Vivir en Madrid.

- ¿Cuentan ustedes con muchos clientes mallorquines en esta sucursal de “Sa Nostra”?

- En Madrid vive una colonia de mallorquines y, en el año 1984, se abrió esta sucursal. Llegué a ella, como le he dicho, en 1987. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las entidades financieras españolas tienen una oficina como mínimo abierta en Madrid, al ser importante la dependencia de esta capital, sobre todo de cara al Banco de España, a la Confederación Española de las Cajas de Ahorro, a los intermediarios financieros, a la Bolsa, etcétera. La finalidad de esta oficina, al instalarse aquí, fue establecer un poco la conexión que había con empresas de Madrid que estaban operando en Baleares y viceversa, las de las Baleares que estaban operando en Madrid. Se trataba de establecer la canalización de estos recursos. Sin olvidar, por supuesto, una tercera justificación: la de dar servicios a la colonia mallorquina que vive en esta capital. Aparte, estamos atendiendo casi a diario a gente de Baleares que viene a Madrid por cuestiones laborales, profesionales o turísticas.

- ¿Conoce usted personalmente a todos sus clientes?

- Conozco a bastante gente. Tenga en cuenta que el trato que reciben es muy personal y, lógicamente, tenemos una relación bastante estrecha con ellos.

- ¿Cómo es el isleño que vive en Madrid?

- Yo creo que, inicialmente, ha sido un aventurero, y una persona que, lógicamente, ha aspirado a algo más que a quedarse en las mismas islas. Los que están asentados desde hace muchos años tienen sus despachos profesionales o sus negocios. Hay otros que están en plan provisional, como empleados de multinacionales, de alguna empresa pública, etcétera, que vienen destinados por unos años, volviendo luego a la isla. En general, yo creo que el isleño es gente muy despierta, muy aventurera, que sabe lo que se lleva entre manos.

- ¿Cómo se ven las islas desde Madrid?

- Trabajar en Madrid es muy enriquecedor. Eso te da, evidentemente, otra mentalidad. Madrid da una visión mucho más amplia. Evidentemente, estando fuera de las islas, sabes y conoces algo más. La perspectiva es mucho más amplia. Las Baleares son islas que tienen una calidad de vida enorme, muy superior, yo diría, a Madrid. Pero el trabajar aquí puede aventajar en cierta manera en el plano técnico y profesional.

- Dicen que Baleares es una de las provincias con mayor número de bancos y de cajas de ahorros. ¿A qué se debe esto?

- A la creciente actividad económica que hay, motivada fundamentalmente por el sector turístico. Baleares, en este sentido, se ha ido desarrollando cada vez más. La inversión extranjera acude con mayor intensidad. Y, evidentemente, esto crea un valor añadido importante.

- También se dice que es una de las provincias en las que se lee menos. En donde hay mayor número de analfabetos o iletrados. ¿Eso es bueno o malo para los banqueros?

- ¿Quiénes leen menos: los banqueros o la gente de Baleares?

- La gente de Baleares. Posiblemente por esta gran actividad económica, la gente esté más ocupada en su quehacer diario y profesional y no tenga tiempo de leer. Pero yo creo que la lectura no se debe abandonar nunca. Es algo que nos sirve para ilustrarnos inicialmente y sobre todo para ensanchar los conocimientos que tenemos fuera de los límites de nuestras islas. No obstante, quiero manifestarle que la gente está cada día más avezada en los temas económicos, debido a la información que dispone a través de las entidades financieras y de los medios de comunicación.

- ¿Cree usted que el leer y el cultivarse contribuye a que los bancos ganen más?

- El leer y cultivarse nos ayuda a todos. Ahora bien, yo no entro en el tema de si en Baleares se lee mucho o poco. Lo que sí opino es que la gente debe ilustrarse, enriquecerse y ampliar sus conocimientos en el plan profesional porque cada día hay más competencia. Y en el cultural porque tenemos que ampliar nuestra cultura.

- ¿Qué han hecho los Bancos y las Cajas para mantener el nivel cultural tan escaso que parece haber en Baleares?

- Ignoro lo que los Bancos han hecho. Pero yo creo que las Cajas contribuyen, a través de nuestra obra social, a elevar ese nivel cultural y asistencial. Nosotros, en el 98, dedicamos 1.200 millones de pesetas a nuestra obra social que incluye un abanico extensísimo de todo tipo de actividades culturales y asistenciales. En eso, “Sa Nostra” contribuye anualmente de una manera más intensa. Piense que, cuando yo llegué aquí, en el año 87, el presupuesto de la obra social y cultural de “Sa Nostra” no creo que llegase a cuatrocientos millones de pesetas. O sea que, en unos diez años, se ha más que triplicado.

- Me pregunto si existen los que siguen desconfiando de los Bancos en general –Cajas y Bancos– y prefieren no ingresar su dinero en ellos, sino guardarlo en su casa.

- La gente está cada vez más implicada en las entidades financieras. Vienen a diario para obtener asesoramiento y para recolocar sus fondos a fin de sacarles el máximo rendimiento. No creo que la gente guarde el dinero en su casa. En todo caso, puede haber algunas excepciones que apenas cuentan. Los ingresos de la gente están cada vez más canalizados a través de las entidades financieras.

- ¿Continuará usted en su puesto madrileño o piensa volver algún día a la isla?

- Aquí llegué sin vencimiento y sigo. Lógicamente, estoy a expensas de lo que diga mi empresa y no me he puesto ninguna fecha de retorno. Pero, supongo que algún día volveré allí.

- ¿Es usted soltero o casado?

- Casado y con cuatro hijos. El mayor ha terminado la carrera de Ciencias de la Información. Dos chicas que han hecho Dirección y Administración de Empresas y el menor. Mi mujer es de Barcelona, pero ha vivido casi toda su vida en Madrid.

- ¿Alguno de sus hijos piensa seguir sus pasos en la banca?

- De momento no hay ninguno que se haya manifestado en este sentido. Yo estoy para aconsejarles pero tampoco quiero influir en nada.

- ¿Hablan ustedes en catalán en su casa?

- Normalmente, lo hacemos en castellano.

- ¿Y acuden en los veranos a la isla?

- Cada verano y alguna vez en Semana Santa. Allí tenemos una casa. El contacto con Mallorca es permanente y no lo vamos a perder nunca.

- ¿Qué le falta especialmente a Mallorca?

- Lo mismo que le falta al resto del país, una industria consolidada. Depende exclusivamente del sector servicios y está pendiente de si el sol la acompaña o no. Pero, poco a poco, se da cuenta de que tiene que ampliarse hacia otras esferas, aunque sean derivadas de la fuente inicial, y hacia otro tipo de industrias para ir consolidándose y no depender sólo del monocultivo del turismo.

- Si algún día llega a jubilarse, ¿Volverá usted a la isla?

- Eso espero. O al menos pasaré temporadas allí.

- ¿Alguna vez se ha preocupado de su muerte?

- En alguna ocasión he pensado en ella, pero, evidentemente, no es un tema que en este momento me preocupe demasiado.

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